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'Crock of Gold', el retrato atroz y brillante del líder de The Pogues

Mucho más que una dentadura infecta y una voz de lijadora industrial: ‘Crock of Gold’ presenta a Shane MacGowan como el mayor talento autodestructivo del folk-punk
Shane MacGowan
Shane MacGowan
Geraint Lewis / Alamy Stock Photo

En su novela La boca pobre, el escritor Flann O’Brien enfrentó al protagonista Bonaparte O’Coonasa con un terrible dilema: o la olla de oro que aguarda al final del arco iris, o un eterno manantial de bebercio. 

Enfrentado a una decisión similar, si bien metafórica, Shane MacGowan optó por la priva, y a resultas de ello obtuvo una vida rica en desastres, el liderazgo de The Pogues, (banda bautizada a partir de la expresión “póg mo thóin”, “bésame el culo” en irlandés) y una dentadura tan atroz que su reconstrucción, apodada “el Everest de la odontología”, mereció un documental en Sky Arts.

Ah, y también un talento musical y literario dedicado, en sus propias palabras, a darle una patada en el culo a la tradición musical irlandesa. Meta que alcanzó, como muestra Julien Temple en su documental Crock of Gold a un alto precio.

En esta película, Temple revalida su papel como cronista del punk británico: no en vano MacGowan se movió junto a los Sex Pistols, grupo retratado por el cineasta en Dios salve a la reina (1980) y, más finamente, en La mugre y la furia (2000).

Pero también disecciona a un personaje salido, éxodo a Inglaterra mediante, de esa Irlanda hambrienta y mugrienta que John Ford no atisbó ni en sus peores pesadillas: manteniendo la buena memoria pese a su condición de ruina humana y juntándose con amigos de esos que hay que coger con pinzas (el líder del Sinn Féin Gerry Adams, un Johnny Depp con el que parece competir en un derby de autodemolición), MacGowan se emparenta con Brendan Behan, James Joyce y otros hijos de Erín que encarnaron la desgraciada historia de su patria a base de broncas, depresiones y callos en el hígado. 

Crock of Gold
Crock of Gold
A Contracorriente

Comparando el antes y el después de ese proceso, uno puede juzgar que no valió la pena, pero canciones como Streams of Whiskey, The Old Main Drag, A Pair of Brown Eyes o el himno antinavideño Fairytale of New York, entre muchísimas otras, hacen pensar que el protagonista de Crock of Gold merece compasión y admiración a partes iguales. Y también que verle como estrella invitada en un capítulo de Derry Girls sería maravilloso.

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