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[IFFR 2022]: ‘A Criança’: red de deseos y traiciones en el Portugal glorioso

La dupla formada por Marguerite de Hillerin y Félix Dutilloy-Liégeois ha competido en el Festival de Róterdam con una hermosa cinta de época de tintes trágicos.
A Criança
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Cinemanía

Marguerite de Hillerin y Félix Dutilloy-Liégeois son dos jóvenes cineastas debutantes franceses, pero suya es la cinta más portuguesa del Festival de Róterdam, ya no solo de la competición oficial, donde competían por el premio Tiger a la mejor película, sino de la 51ª edición en su totalidad.

A Criança, en efecto, no puede ser más portuguesa: situada en el Portugal renacentista, está interpretada por actores portugueses y franceses y narra la decadencia de una familia de comerciantes con demasiados secretos. Más allá del quién, el cuándo y el dónde, la filiación portuguesa de este espléndido debut tiene más que ver con la asunción orgullosa de sus referentes: Manoel de Oliveira.

Cierto es que cualquier película lusa de época nos evoca de manera directa (y también de manera perezosa, hay que decirlo) al eterno gran maestro del cine portugués –actualmente en cartelera gracias al reestreno de la bellísima Francisca–, como también a la Rita Azevedo Gomes de La venganza de una mujer o La portuguesa. No obstante, el exquisito trabajo de puesta en escena de este tándem aspira a lograr la hermosura de las obras en que se mira. Y en no pocos momentos lo consigue.

A Criança
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Adaptación sui generis del cuento El hijo adoptado, de Heinrich von Kleist, el gran paradigma de poeta romántico, autor de La marquesa de O, entre otras obras, De Hillerin y Dutilloy-Liégeois trasladan esa trama de la era romántica a un momento clave de la historia de Portugal, en los años previos al nacimiento del rey Sebastián I de Portugal.

Apodado “el Deseado”, su muerte –o desaparición– en la batalla de Alcazarquivir en 1578 en el norte de Marruecos dio lugar a uno de los movimientos culturales más importantes de nuestro país vecino, el “sebastianismo”, una especie de mesianismo decadente alentado por la saudade.

A Criança, por supuesto, se amarra a ese hastío nostálgico característico de lo luso para narrar una red de deseos y traiciones que conducirá a la tragedia, en el sentido griego del asunto. Bela (João Arrais) es el hijo adoptivo del rico comerciante Pierre (Grégory Gadebois) y de su segunda esposa Maria (Maria João Pinho), merecedor de las atenciones de esta pareja después de que el hijo natural de Pierre con su primera esposa se embarcara hacia África para no volver jamás. En apariencia, Bela tiene todo lo que un joven de su posición querría esperar, pero está enamorado de Rosa (Inés Pires Tavares), una joven sirvienta de origen marroquí.

A Criança
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Carolina Ribeiro

Fotografiada con certera delicadeza por Mário Barroso, esta producción de Paulo Branco –el gran y controvertido productor del cine independiente europeo– va creciendo en malestar con paulatina cadencia.

Mediante una coreografía de recelos que tiñe de oscuridad el “locus amoenus” donde tiene lugar el relato, A Criança es la historia de una familia de destino fatal, pero también la de un territorio cuya influencia se encuentra casi al borde del abismo, en el cénit de un esplendor ilusorio.

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