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10 películas que nos recuerdan que la guerra es el infierno

Las noticias sobre la invasión rusa de Ucrania se entienden mejor después de revisar estos clásicos del cine antibélico.
Fotograma de 'La tumba de las luciérnagas'.
Fotograma de 'La tumba de las luciérnagas'.
Cinemanía

Como ocurre con muchas bestias dañinas, la guerra provoca una fascinación a la que es difícil sustraerse. Bien por el fetichismo de la violencia, bien por los intríngulis de sus aspectos geopolíticos, la invasión rusa de Ucrania nos recuerda esto demasiado bien. Pero, por suerte, el arte en general y el cine en particular están ahí para recordarnos que esa atracción es muy peligrosa. 

Aun lejos de decir que lo retratado por estos filmes tenga que ver con la situación actual en Kiev o en Lviv, y menos todavía para adjudicarles a algunos un carácter profético, todos ellos dejan claro que dejarse seducir por las imágenes bélicas es cortejar un estado de cosas incompatible con la vida y la felicidad. Lección esta que, para demasiadas personas, llega ya demasiado tarde. 

'Masacre (Ven y mira)' (Elem Klimov, 1985)

¿Es una ironía empezar nuestro listado con una película rusa? Pues sí, pero qué le vamos a hacer si este filme, cuyo director vivió la batalla de Stalingrado durante su infancia, ha quedado como uno de los mejores (y más brutales) trabajos bélicos de la historia del cine gracias a su retrato de la resistencia contra los nazis . Si te decides a verlo, prepárate para una experiencia extrema. 

'En tierra hostil' (Kathryn Bigelow, 2008)

La película que convirtió a Bigelow en la primera directora con Oscar de la historia puede ser cuestionable en términos políticos, pero también resulta un intachable trabajo de suspense. El cual, además, nos recuerda que todo ejército de ocupación vive en un constante trance paranoico: "Antes se llamaba Campamento Libertad, pero lo cambiaron por Campamento Victoria" es una frase que explica ciertas cosas demasiado bien. 

'¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú' (Stanley Kubrick, 1964)

Manda narices que Kubrick dedicara su única comedia a la amenaza de la aniquilación nuclear, pero así fue. Y, ahora que tanto Vladimir Putin como Joe Biden juegan a ver quién tiene los megatones más grandes, es el momento ideal para revisarla: seguro que el doctor Strangelove (Peter Sellers, como encarnación humana y mutilada de la Guerra Fría) se está frotando las manos ahora mismo desde el infierno. 

'Largo domingo de noviazgo' (Jean-Pierre Jeunet, 2004)

Tras empalagar al mundo con Amélie, el director Jeunet y la actriz Audrey Tautotu cambiaron de tercio con este filme bélico… que fracasó en taquilla. Una pena, porque su retrato de la I Guerra Mundial transmite al menos un ápice del absurdo y el horror que habitaron en las trincheras. A lo cual hay que sumar la presencia inolvidable de Marion Cotillard como viuda vengadora. 

'La infancia de Iván' (Andrei Tarkovsky, 1962)

Pues sí: otra película rusa. Aunque, la verdad, dudamos de que Vladimir Putin haya tenido tiempo para ver el debut largo de Tarkovsky, una desoladora crónica acerca de cómo la guerra arruina lo mejor que puede ofrecernos la vida. Si el inquilino del Kremlin hubiera conocido a este crío de 11 años que se juega la vida como explorador para los partisanos, a lo mejor habría meditado un poco antes de dar la orden de avance a sus tropas. 

'Starship Troopers' (Paul Verhoeven, 1997)

Si bien Oliver Stone decía en Platoon aquello de "la primera víctima de la guerra es la inocencia", el maestro holandés le contradijo aquí afirmando que, en un conflicto, la primera en caer es la inteligencia. Dándole la vuelta con mucha mala uva a la novela original de Robert A. Heinlein, Verhoeven formuló una sátira implacable de cómo la retórica patriotera y las ganas de colgarse medallas son caminos seguros hacia el matadero, ya sea en el presente o en el futuro. 

'El juego de la guerra' (Peter Watkins, 1966)

Supongamos que, efectivamente, Putin, Biden o ambos hacen volar sus pájaros nucleares. ¿Quién ganaría? Pues, como advirtió Watkins en este falso documental que espantó a los mandamases de la BBC, la respuesta es sencilla: "nadie". Por muchas décadas que hayan pasado desde su rodaje, El juego de la guerra sigue siendo la mejor advertencia posible sobre los delirios de la destrucción mutua asegurada. 

'Apocalypse Now' (Francis Ford Coppola, 1979)

La película que casi le cuesta a Coppola su vida y su cordura es un arma de doble filo, porque resulta demasiado fácil venirse arriba con muchas de sus escenas. Pero también es una poderosa advertencia sobre las justificaciones para embarcarse en una guerra: como nos recuerda el coronel Kurtz (Marlon Brando), da igual lo mucho que uno se envuelva en pretextos humanitarios, porque quien gana es siempre el que mata más y mejor. 

'Rey y patria' (Joseph Losey, 1964)

"¿Qué hacemos con un soldado que no quiere matar?" es una pregunta a la que todos los ejércitos se enfrentan demasiado a menudo. Este filme, protagonizado por Dirk Bogarde y Tom Courtenay (palabras mayores), explica con claridad el intríngulis del asunto: para un estado, cualquier estado, un súbdito que se arrepiente de haber tomado el fusil es un peso inútil, con lo que la solución más fácil es pasarlo por las armas. 

'La tumba de las luciérnagas' (Isao Takahata, 1988)

No tiene grandes escenas de batallas. No rebosa sangre e higadillos. Apenas incluye información sobre el contexto de Japón en la II Guerra Mundial. Y, sin embargo, o quizás debido precisamente a ello, esta tristísima historia animada de fraternidad y supervivencia sigue siendo la película antibélica más efectiva de la historia. Si quieres saber por qué, decídete a verla… pero ten presente que, cuando rueden los créditos finales, ya no serás el mismo. 

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