¿Tenía que ser él?

¿Tenía que ser él?
¿Tenía que ser él?

Si alguien ha reforzado en los últimos años el arquetipo definitivo de suegro cascarrabias (con permiso de Spencer Tracy en Adivina quién viene esta noche, Steve Martin en El padre de la novia o Bernie Mac en Adivina quién), ese ha sido Robert De Niro y su papel de Jack Byrnes en Los padres de ella. Por eso, que el guionista que le dio vida en Los padre de él y Ahora los padres son ellos dirija una nueva comedia sobre suegros con malas pulgas, basada en la sitcom británica Cuckoo, no parece mala idea. John Hamburg guía esta vez a otro “padre de ella” interpretado por Bryan Cranston, Ned, que cumple con los requisitos de Byrnes: tiene una hija que es su ojito derecho y detesta a su nuevo novio.

Sin embargo, a Cranston le ha tocado lidiar con un yerno poco convencional, más parecido a Kevin Rawley, el hippie interpretado por Owen Wilson, que al Greg Follen de Ben Stiller. Y si aquel se tatuó la cara de Pam en la espalda, este ha hecho lo propio con la postal navideña de su familia política. A James Franco le ha dado tiempo en su apretada agenda para meterse en la piel de Laird, un millonetis de Silicon Valley sin filtros, tan inocente como malhablado, y con una extraña fijación por el parkour, las obras de arte con animales en posiciones comprometidas, los sistemas de inteligencia artificial y los retretes japoneses.

Hamburg apuesta por la comedia sin censuras, esa en la que los gags grotescos, sexuales y escatológico se repiten, regalándonos momentos memorables, como cuando Cranston se las ve y las desea con el baño japonés de alta tecnología de su yerno. ¿Quién necesita papel higiénico teniendo un aseo inteligente? Sin embargo, ese humor grosero, a ratos hilarante, a ratos excesivo, se vuelve predecible en diversas secuencias; cuando Laird muestra una especie de acuario gigante que contiene un alce en su propia orina, este parece gritar al espectador que se romperá tarde o temprano.

Las casi dos horas que dura el filme tampoco parecen ser suficientes para ahondar en las distintas subtramas que se plantean: la necesidad de aprobación de su suegro por parte del personaje de Franco o, sobre todo, el choque generacional entre ellos. Ned y Laird, que dirigen una imprenta en horas bajas y una empresa de vídeo-juegos en formato App respectivamente, confrontan pasado y presente, la industria tradicional en un pueblo de Michigan y las nuevas tecnologías que se gestan en Palo Alto. El director tampoco aprovecha todo el potencial que le ofrece su talentoso elenco. Cranston y Franco malgastan su más que probada vis cómica en dos personajes demasiado caricaturizados, convirtiendo esta producción en una comedia de secundarios, con unos brillantes Megan Mullally y Keegan-Michael Key.

¿Tenía que ser él? parte de una prometedora premisa, aunque comete el error de limitarse a repetir la fórmula que “funciona”, sin desarrollar su potencial innovador, dando como resultado una comedia de continuos altos y bajos, que sabe nutrirse del exceso, pero que se precipita hacia un final edulcorado que poco tiene que ver con el tono descarado de la película. Porque para hacer reír a carcajadas no basta con fruncir el ceño y levantar la ceja como Jack Byrnes.

Valoración:

FICHA TÉCNICA

¿Tenía que ser él?
  • Director:

    John Hamburg

  • Género:

    Comedia

  • País:

    EE UU

  • Sinopsis:

    Ned (Bryan Cranston) es un padre hiperprotector de su idílica hija, estudiante en Stanford, quien trae a casa un nuevo novio, Laird Mayhew (James Franco), un multimillonario de Silicon Valley pero socialmente poco convencional.

  • REPARTO: James Franco, Bryan Cranston, Zoey Deutch

  • VEREDICTO: Bryan Cranston y James Franco, prometedores intentos de Jack Byrnes y Greg Follen que se ahogan en orina animal y gags predecibles.

  • DURACIÓN: 111 min.

  • DISTRIBUIDORA: Fox

  • ESTRENO: 13/01/2017

  • imdb: https://www.imdb.com/title/tt4501244

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