Sicario: El día del soldado

Sicario: El día del soldado
Sicario: El día del soldado

En la primera secuencia de Sicario: El día del soldado volvemos a la frontera entre México y EE UU, esa que sirvió de tensísimo escenario en su predecesora, esa que es, en la realidad, un brutal lugar para emigrantes tratando de cruzarla cada noche. Un acercamiento por aire al desierto por donde corren guiados por coyotes, recuerda a la experiencia de realidad virtual (muy real) que hizo Alejandro G. Iñárritu en Carne y arena. Les pillan, les rodean, acorralan, pero uno escapa, le persiguen y… boom, se inmola. Al rato, descubren alfombras de oración cerca, en esa misma frontera. Y, al otro lado, en el lado americano, tres terroristas islámicos se vuelan por los aires con la frialdad más absoluta en un supermercado. Una escena dura en la que el nuevo director, sucesor de Denis Villeneuve, el italiano Stefano Sollima, bien entrenado en la crudeza de la violencia por la violencia y la fealdad humana en las series Gomorra y Suburra, deja claro que esta nueva Sicario no va a ser un paseo por las nubes, ni siquiera es más un ejercicio de thriller dramático y de acción, sino un retrato sin algodones, sin medias tintas de esos lugares y gentes en los que y para la que la vida no vale nada.

Y como tal, ningún reproche a este Sicario: El día del soldado. Perfecto artefacto de acción, de entretenimiento, sin cabos sueltos, que no te deja ir en sus dos horas largas. Con más testosterona que la anterior, eso sí. No vuelve Emily Blunt, aquella guía que era nuestros ojos impresionados en el mundo de los carteles mexicanos. El enlace con Washington, el lado político, manipulador y frío de esta batalla perdida lo pone Catherine Keener (siempre en su lugar). Y, por supuesto, sí están Benicio del Toro y Josh Brolin retomando sus papeles como esos dos tipos casi tan insensibles ante la violencia como aquellos contra los que luchan. La diferencia, dice de nuevo el guionista Taylor Sheridan (Comanchería, Wind River), es que estos dos tienen razones: para Del Toro es su vendetta personal; para Brolin, su sentido del deber. La pobreza es otra razón para acabar enfangado en el tráfico de personas, o parece que el simple aburrimiento y hasta la glamurización de una vida al límite y con abundante dinero fácil (esa ama de casa gringa). En ese sentido, Sheridan ha tirado de todos los hilos del origen de la violencia en esa zona candente del mundo. Indaga en todos, con una película más coral de alguna forma.

Y, al hacerlo, es por donde se mete en un terreno que roza la irresponsabilidad. ¿Por las fronteras mexicanas entran terroristas islamistas? Una premisa que le viene muy al pelo al señor Trump. Y no, por si quedan dudas, no hay ni un registro de que algo así haya ocurrido. ¿Para qué van a jugársela cruzando una de las fronteras más peligrosas del mundo si ya están dentro? Sí, eso es lo que acaba diciendo, pero ya ha soltado ahí la duda, la idea y para complicarlo un poco más mete piratas africanos en el proceso. ¿Lo que sea por lavarse las manos? El origen del mal puede estar en muchos más lugares, pero no todo vale en esta era del odio que vivimos, ni siquiera en una película que, como thriller de acción, es un reloj bien engrasado por un genial Benicio del Toro.

Valoración:

FICHA TÉCNICA

  • Director:

    Stefano Sollima

  • Género:

    Drama, Thriller

  • País:

    EE UU

  • Sinopsis:

    La guerra contra el narcotráfico en la frontera entre EE UU y México ha escalado mientras los cárteles han empezado a traficar con terroristas. Para librar esta guerra, el agente federal Matt Graver (Josh Brolin) tendrá que volver a formar equipo con Alejandro (Benicio del Toro).

  • REPARTO: Benicio del Toro, Josh Brolin

  • GUIÓN: Taylor Sheridan

  • VEREDICTO: No todo vale en el entretenimiento por el entretenimiento. Y la premisa de Sheridan es irresponsable en tiempos de Trump.

  • DURACIÓN: 122 min.

  • DISTRIBUIDORA: Sony Pictures

  • ESTRENO: 29/06/2018

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