Adivina qué vamos a ver esta noche: Cuatro recomendaciones en streaming para que no pierdas el tiempo

¿Estás harto de cambiar de una plataforma a otra sin saber qué ver? Todas las semanas elegimos cuatro películas o series para ti
The Americans
The Americans
Amazon Prime Video

A todo cerdo le llega su San Martín

Capone, en Filmin

Capone
Capone
Filmin

El temible Al Capone recorre su casa armado con una barra de hierro, enfurecido, haciendo gala de una estampa con la que muchos asociaríamos al capo de los capos. Solo que esta vez el objeto de su persecución no son unos peligrosos gángsters de Chicago sino una niña con trenzas convencida de que el armario en el que se refugia es un gran escondite. La pequeña es su nieta. Y el Capone de Josh Trank –liberado ya, al parecer, de la cárcel de las películas tras portarse mal con Cuatro fantásticos– no es el Scarface sanguinario de la Matanza de San Valentín sino lo que queda de él en sus últimos días.

A Capone le gustaría ser La gran belleza del hampón italoamericano. Haber contado su degradación, los fantasmas que le perseguían, con la poética y la ensoñación de Sorrentino. Obviamente, no lo consigue, a pesar de contar con ese valor seguro de voz inolvidable que es Tom Hardy en la piel de Capone. Pero el filme tampoco cae en los vicios del biopic al uso, en el derroche de flashbacks o en esa tendencia a buscarle explicaciones al pasado desde el presente (tan humana por otra parte).

En Capone, el gángster, recién salido de la cárcel tras cumplir su condena por evasión de impuestos, vive lo que le queda de vida medio demenciado, arruinado y devastado por la sífilis. No hay intento por parte de Josh Trank de redimir a su personaje protagonista, cuyas ensoñaciones para escapar de la prisión que supone su enfermedad terminal consisten en ametrallar a sus familiares y amigos, encerrados con él en una ostentosa mansión de Florida. Los caimanes y el pantano, tenebroso, redondean la metáfora de un alma que lo tiene complicado para irse en paz.

'El Padrino' de las comedias románticas adolescentes

10 razones para odiarte, en Disney +

10 razones para odiarte
10 razones para odiarte
Disney +

Sé lo que vais a decir: ¿Una comedia romántica en pleno siglo XXI? Dejadme que os conteste esto: 10 razones para odiarte es El Padrino de las comedias románticas adolescentes. No exagero. Estrenada en 1999 cuando el género daba claros síntomas de agotamiento, las guionistas de Una rubia muy legal Kristen Smith y Karen McCullah pergeñaron esta versión de La fierecilla domada, de Shakespeare, en un highschool noventero.

La trama no da lugar a engaño: Cameron (Joseph Gordon-Levitt, versión mini) está enamorado de Bianca (Larisa Oleynik), a la que su padre solo dejará salir con un chico si su hermana, la arisca y misántropa Kat (Julia Stiles) hace lo propio. ¿Quién se atreverá a acompañar al Prom Night a este bicho raro que lee a Sylvia Plath y escucha a Semisonic? Tuvieron que irse a Australia para encontrar un candidato, Heath Ledger, en su primera película en EE UU.

10 razones para odiarte es anti-woke 20 años antes de que la palabreja ni siquiera existiera. Es feminista sin dar la chapa, y sobre todo, es divertida. Si no la has visto y tienes dudas, te recomiendo que empieces por este glorioso momento protagonizado por Heath Ledger. Te aseguro que nunca más volverás a recordarlo por su Joker.

En la liga de las mejores series de televisión

The Americans, en Amazon Prime Video

The Americans
The Americans
Amazon Prime Video

The Americans es uno de los secretos mejor guardados de la televisión, al menos en España, donde durante muchos años no se ha podido ver en ninguna plataforma. Quizás por ello o por su crudeza, su mirada dura hacia el mundo del espionaje, es una serie que poca gente ha visto o conoce. Toma nota porque pocas veces te voy a hacer una recomendación tan buena.

En principio, The Americans es una serie de espías. Dos espías rusos infiltrados en EE UU en plena Guerra Fría, topos hechos al american way of life desde hace décadas, el típico matrimonio suburbial que parece hasta aburrido (tienen una agencia de viajes como tapadera) y que, sin embargo, trabaja para el KGB. Ella (Keri Russell, ¡Felicity!) es una fanática del comunismo que está deseando volver a Moscú. Él, sin embargo, aprecia los coches bonitos y los centros comerciales, se deja engatusar por las comodidades capitalistas de las clases medias norteamericanas. Viven en una casa preciosa en un barrio residencial al que un buen día se muda Stan (Noah Emmerich), un agente del FBI especializado en contrainteligencia.

Pero lo que comienza siendo una serie de tramas, de espionaje, con sus misiones episódicas, se va convirtiendo poco a poco en otra cosa, una metáfora del paso del tiempo en una familia, de la necesidad de control de los padres sobre los hijos, de los equilibrios de poder y las oscilaciones del amor en una pareja. Y también, a través del vecino agente del FBI, en una reflexión sobre la amistad, sobre las cosas que realmente importan en la vida. En serio, va a superar todas tus expectativas, te va a encantar. Al no ser que seas Alberto Garzón.

"La finesse"

Un condenado a muerte se ha escapado, en Filmin

Un condenado a muerte se ha escapado
Un condenado a muerte se ha escapado
Filmin

"Esta historia es real. Yo la cuento como es. Sin adornos”, reza una cartela al comienzo de Un condenado a muerte se ha escapado. Bresson dice la verdad. Esta es la historia de uno de esos 10.000 franceses que fueron apresados por los nazis en la ocupación de Francia durante la Segunda Guerra Mundial, uno de los 3.000 que no murieron, como el cineasta nos deja claro desde el título.

Es la historia real del soldado de la Resistencia Andre Devigny, aunque Bresson le cambia el nombre. Prefiere mostrarnos su rostro, sus pensamientos en voz en off, sus manos (siempre las manos en el cine de Bresson), ya desde ese primer plano en el que conducen al condenado a muerte a la prisión y la cámara se pone al servicio de su voluntad de huir.

A penas hay personajes en Un condenado a muerte se ha escapado. La mayor parte del metraje la pasamos junto a él (François Leterrier, que lamentablemente nos dejó el año pasado), sus maquinaciones solitarias para huir de la prisión y la fotografía en blanco y negro de Léonce-Henri Burel. Bresson, que ganó el premio al mejor director en Cannes por esta obra maestra, quiere que lo acompañemos paso a paso, hasta la ansiada huida. Sin rodeos, sin adornos, dándonos una nueva lección de lenguaje cinematográfico hasta ese prodigioso final. Puro cine.

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