Ir a una sala, esa pesadilla

Ir a una sala, esa pesadilla
Ir a una sala, esa pesadilla

El otro día fui al cine. Qué horror. Y eso que ni siquiera era una película española.

Lo bueno es que ya no me toca ir otra vez hasta el año que viene.

Yo ya he recurrido con mis 9'20 euros al sostenimiento durante un mes más de esta absurda ficción.

Que vaya ahora otro pringado.

9'20 euros.

A mí me parece poco. Creo que ese es uno de los problemas del cine. Que es cutre. CUALQUIERA puede pagar 9'20 euros. Por eso la gente ha dejado de ir al cine, porque se lo pueden permitir. A la gente le gusta hacer cosas que no se pueden permitir:

Acostarse con Brad Pitt, viajar a la Luna, comer carne una vez a la semana...

Al cine va cualquiera, hombre. Hay que subir los precios.

¿Por qué la gente va a los musicales de la Gran Vía? Porque son idiotas, sí, pero también porque se sienten muy importantes dejándose la pasta en un espectáculo tan caro. Ese es el secreto de los musicales: no su estúpida música, no sus dementes argumentos, no sus ridículos colorines...

Que son caros.

¿A que nadie ha oído que la prostitución de lujo está de capa caída?

Seguro que ya hay más de uno llevándose las manos a la cabeza (siempre hay gente llevándose las manos a la cabeza por todo, esto es España).

¿Cómo es posible que a este idiota descastado le dejen decir esto en una revista de cine?

¿Cómo se atreve a morder la mano que le da de comer?

Bueno, para empezar el cine no me da de comer. Lo hace la televisión. Poco, eso sí. Más que comida, me da una merienda cena. Pero, oye, agradecido.

El cine da de comer a poca gente. Solo a Antonio de la Torre y al ministro Montoro. El 99% de los profesionales del sector audiovisual español viven de la televisión. Algunos viven del Microteatro. Los podéis ver por las noches haciendo cola en el comedor social de la Corredera Alta. Si tuviéramos que vivir de lo que nos da el cine hace tiempo que ACNUR habría declarado nuestras cuentas corrientes zona devastada.

Tan devastada como el guión de una película después de que el productor, su mujer, su secretaria, el actor, la actriz, el novio del actor, la madre de la actriz, el ayudante de dirección, el segundo ayudante de dirección, el director de vestuario, el atrezzista, uno del Ministerio de Cultura, su mujer, su amante, su madre y Pablito, el chico del cátering hayan metido sus zarpas en él para "mejorarlo".

Pero hoy no quiero hablar de cómo se hacen las películas. Eso otro día, cuándo me dé permiso mi abogado.

Pues sí, ¿qué pasa?, he dejado de ir al cine.

Porque me gusta demasiado.

Porque le tengo mucho respeto.

Porque estoy hasta la polla de ver pajas mentales, majaderías y obviedades. Y para eso ya tengo el jodido Circo del Sol.

O el twitter de Marhuenda.

Miro la cartelera y nunca hay nada que me interese. La mejor película de hoy día no deja de ser un capítulo mediocre de Breaking Bad, Los Soprano, The Wire, A dos metros bajo tierra o Médico de familia.

Es triste, joder. Imaginaros mirar la sección de contactos de un periódico y no ver nada que os interese. NADA. ¿De quién sería la culpa? Vuestra no. Tenéis dinero. Tenéis una imaginación calenturienta y estáis deseando que os seduzcan... PERO NO LO HACEN.

Nadie os ofrece nada que os interese.

Pues eso es el cine hoy día. Algo que no interesa. Dejad de echarle la culpa al precio de las entradas, al IVA, o al sida que hace que la gente ya no salga tanto. La culpa de que la gente no vaya al cine son las películas.

La magia del cine...

Sí, claro. Ahora mismo el cine tiene la misma magia que la relación de Tom Cruise y Penélope Cruz.

Asumámoslo: el cine es algo caduco. Tan caduco como la agenda personal de José Luis Garci. Tan fuera de lugar como un desnudo masculino en una película de Vicente Aranda.

Y ahora os dejo que tengo que acabar el guión que estoy escribiendo.

Os va a encantar. Y como no vayáis a verlo os mato.

Desde el respeto y la tolerancia, eso sí.

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Alberto López (@alberto2) es guionista. Su película favorita es La fiera de mi niña. Odia a Damon Lindelof.

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