El cine navideño y el sudor

El cine navideño y el sudor
El cine navideño y el sudor

Me resulta la mar de curioso que las películas de romanos sean un rasgo distintivo de la programación televisiva navideña. Entiendo que se debe a la presencia de Jesucristo y demás personajes de la historia sagrada en ellas pero me flipa el contrasentido climático. Toda esa gente sudando a chorro yendo de acá para allá por Egipto y Palestina, el sol cayendo a plomo, los caballos, los camellos, los gladiadores… Hablando claro: todo ese olor a agrio, heces y macho. Y mientras tanto, fuera de la pantalla, la Navidad sigue ajena su curso con su carrusel de Papás Noeles, muérdago, calcetines gigantes junto a la chimenea…

Un momento. ¿Muérdago? ¿Calcetines gigantes? ¿Qué narices estoy diciendo? Maldito seas, cine de mis entretelas, vuelves a nublar mi mente. Igual que hace unas semanas, cuando aquellos chavales llamaron a la puerta preguntando “¿truco o trato?”, y me pareció normal. Hasta que recordé que aquí en Halloween la tradición no era ir por las casas pidiendo caramelos sino ir repasando los nichos en el cementerio poniendo verde a la familia que lo tenía más abandonado.

Ahora lo veo claro. Lo mío es lo de las sandalias y los pechos de lata. Por eso mi película navideña favorita es La Jungla de Cristal. La imagen de un tipo sudado pasándolas putas en fiestas me devuelve de golpe a toda mi tradición navideña de latigazos y crucifixiones varias en versión high tech Nakatomi Plaza. Cuando suena Let It Snow en los créditos finales puedo notar como se funden en un abrazo y posterior coito Santa Claus y Judá Ben-Hur. Yipikayei, Poncio Pilatos.

Pero, espera un momento. Hablo de los péplum como si los hubiera rodado el cura de mi pueblo. Maldito seas de nuevo, Hollywood querido, eran obra tuya, ¡claro! Llevas mangoneándome desde que fui capaz de fijar la vista en una pantalla iluminada. Toda idea que creo tener, toda opinión que mantengo, cada nueva arista de mi personalidad que logro reconocer, parecen ser fruto de algún “inception” previo por tu parte.

Es momento de poner freno, no voy a dejarme manipular más. Estas Navidades me refugiaré en el cine español. Ya tengo señalado en el calendario el estreno, el día 5 de diciembre, de la excelente comedia Tres bodas de más de Javier Ruiz Caldera. Una delicia en la que me cuentan aparece un actor novel de frondoso y varonil bigote, en un corto a la par que inolvidable papel. ¡Sí señor!

NOTA PARA EL EDITOR: Gracias por dejarme meter la cuña. Os debo una. Lo hice tan mal en el rodaje que tuvieron que corregir toda mi actuación con la técnica de Polar Express, animando a otro actor y poniéndole encima mi cara. Por eso da la sensación que estoy como muerto en la película. Un marrón. Solo accedieron a dejarme en el montaje a cambio de que hiciera toda la promo que pudiera a través de cualquier canal a mi alcance. Gracias de nuevo. Oye, el último párrafo este no lo publiquéis, ¿eh? Es solo para que lo leáis vosotros. No seáis cabrones, que me hundís.

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