Día 2: Pitos y susurros

Día 2: Pitos y susurros
Día 2: Pitos y susurros

Madrugué con una sensación rara que se fue acrecentando a lo largo del día: ¿por qué a todos los periódicos les interesaba más el Nobel de Vargas Llosa que la verdadera noticia de ayer, 8 de junio de 2010 y que no era otra que la expulsión de Llongueras de su empresa por sus hijas? La sensación de extrañeza no se me pasó en todo el día. Cuando acabó Agnosia, de Eugenio Mira, empezaron los susurros. Después llegaron los pitos (aislados, eso sí). El respetable, siempre sediento de hemoglobina, no pareció valorar en demasía ni la originalidad ni la preciosa factura y la recreación de la Barcelona de principios de siglo que pertenece, por derecho propio, a Eduardo Mendoza y La ciudad de los prodigios (por cierto, que no estaría mal como candidato al Nobel). Tiene sus errores, sí, pero también sus aciertos… O bien puede ser que como he empezado el día tonto, me he quedado obnubilado por los maravillosos pechos de Bárbara Goenaga, que anda por aquí embarazadísima de su pareja, Óscar Jaenada. Podría ser. De la misma manera que muchos han buscado la razón de la pataleta en la presencia de Eduardo Noriega en la película.

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Cuentos chinos: Buscando aclarar las ideas, me metí en A Woman, A Gun and a Noodle Shop, versión chino épica de Zhang Yimou de la que para mí es la mejor película de los Coen, Sangre fácil (1984). La película es un coñazo interesante por lo que tiene de ironía sobre la imagen del cine occidental que tienen los orientales y, viceversa, la que los orientales tienen del cine occidental. Es un vodevil simplísimo que da para reflexionar acerca de espesuras como la globalización o la violencia del cine occidental pero que resulta tan cargante como dos toneladas de arroz tres delicias.

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La tercera en la frente: Con la mosca detrás de la oreja y seriamente preocupado por el efecto Llongueras en mi cerebelo llegué a Somos lo que hay, de Jorge Michel Grau. Al director mexicano le parecerá el no va más de la transgresión esta historia sobre caníbales que parece rodada por Fernando León (todo está sucísimo, todo el mundo es pobre), pero cuando se viene a Sitges se está tan habituado a la antropofagia que lo que en otro lugar sería revolucionario aquí es el bocata con chistorra nuestro de cada día. ¿Es una metáfora de la sociedad mexicana? ¿Es un avión contra el imperio del burrito y el taco de La panza es primero? Más bien me inclino por pensar que es simple pelusilla del ombligo de Grau, que por cierto, sufre de alopecia… Ven, no sé cómo me voy a quitar de encima al dichoso Llongueras.

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Desde Sitges, la crónica de Rubén Romero.

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