'The Landlady'

'The Landlady', la columna de Sabina Urraca
'The Landlady', la columna de Sabina Urraca
Cinemanía

Cuando el que te alquila la casa es un hombre se dice landlord, así que supongo que cuando es una mujer se dice landlady, pero ella se ríe cuando lo digo. Lo hace con burla, mirándonos todo el tiempo, como si fuésemos polluelos a punto de ser aplastados, por una zapatilla: la suya. Nos trata con la ternura de un racismo que ella ni quiera sospecha, pero que está ahí. “Do you cook paella?”, y nos muestra un wok grasiento que reposa sobre la cocina inmunda. Quiero que se marche inmediatamente de la casa para que podamos limpiarla y hacerla nuestra, frotar con Soft Scrub hasta expulsar los espíritus de todos los inquilinos anteriores. Que sólo queden los fantasmas buenos, los que mantienen los cristales limpios para ver las ardillas, la primera nevada

¿Sentiremos ya entonces esta casa como nuestra, o seguirá ensombrecida por la mirada de esta mujer que escucha con desprecio todo lo que le decimos, que se horroriza ante la propuesta de retirar los cuadros horrendos de las paredes y guardarlos en el sótano? El sótano. The basement. Dice que a veces viene a hacer la colada allí, que entrará por la portezuela de fuera para no molestarnos. 

El muro del idioma no tapa la intención de cada palabra. Cómo transmitirle que soy fuerte, cómo ganarle la batalla a esta adversaria que se me despliega delante con todo su afán por pisar. Veo su figura alargada de comadreja alejándose al fin por el jardín, el pelo blanco recogido con una pinza con forma de concha, las gafas alargadas que terminan en punta. Se gira y dice: “See you in the basement”. Y sé que ella sabe de las películas que hemos visto, de la oscuridad al final de la escalera del sótano, de los pasos aterrados, de esa figura que se recorta de pronto en el ventanuco. The landlady. Y sé que ella sabe que ha ganado.

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