Ver para creer

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En uno de mis capítulos favoritos de Bob Esponja, el protagonista y Patricio encargan un enorme televisor de plasma. Cuando lo reciben, tiran el electrodoméstico a la basura y se meten dentro de la caja para jugar con ella. Calamardo se queda la tele, pero acaba envidiando la desbordante imaginación de los dos amigos a la hora de inventarse mundos. El episodio tiene una moraleja diáfana que se completa con la precisa ambigüedad de su título: “La Caja Tonta”.

En Nightcrawler, un impecable Jake Gyllenhaal interpreta a Louis Bloom, buscavidas de Los Ángeles con pocos recursos y sin suerte, que de forma casual prueba como cámara freelance de sucesos nocturnos. Los informativos piden carnaza y el falso reportero no duda en alterar las escenas de los crímenes o accidentes para obtener las imágenes más escabrosas que luego venderá al postor más morboso. Su cliente es la veterana Nina (espléndida Rene Russo), productora de una tele local en horas bajas: “Para entender el espíritu de nuestro noticiero, imagínate una mujer corriendo por la calle con la garganta cortada”. Las ambiciones de ambos crecen paralelas a su falta de escrúpulos, o como le gusta decir al propio Bloom: “Si me estás viendo, estás teniendo el peor día de tu vida”.

Hace meses que he visto esa película de Dan Gilroy, pero la recuerdo a diario cada vez que un telediario emite imágenes truculentas por el hecho de haber sido rodadas, incluso sin que haya una noticia relevante detrás. Sólo existe lo que se ve, porque si se puede ver, se puede emitir. Una imagen vale más que mil palabras y el morbo más que mil imágenes. “Les advertimos que la grabación que van a ver puede herir su sensibilidad” significa en realidad “por favor, no dejen de mirar”.

Por cierto, el título original de ese capítulo de Bob Esponja es “Idiot Box”. Mucho mejor.

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