OPINIÓN

Llorando en la abundancia

Llorando en la abundancia
Llorando en la abundancia

Sigo sin entender el drama como sinónimo de buen cine, el de verdad, el que importa y trasciende. Nada como un sufrimiento minuciosamente presentado, desarrollado y analizado para que la crítica se deshaga en elogios mientras el público acude a la proyección como una experiencia iniciática, enriquecedora y fundamental. Si abundan en la sala los espectadores con ojos lacrimosos, lapelícula habrá merecido la pena porque, igual que en los toros, muchos pañuelos (en este caso absorbentes, no agitados al aire) indicarán un alto grado de satisfacción.

Y sin embargo, no cabe mayor artificio que unas lágrimas mal derramadas. Viola Davis obtuvo una nominación de Oscar a la mejor actriz de reparto por su papel en La Duda (John Patrick Shanley, 2008) gracias, entre otros méritos, a las abundantes lágrimas derramadas en su escena clave. El instante era profundamente emotivo, pero yo sólo pensaba que cualquier persona que llorara así tendería, por pura inercia, a limpiarse la cara de vez en cuando aunque sólo fuera con el dorso de la mano (sobre todo al llegarle el caudal a la boca). Es un ejemplo, pero hay miles de primeros planos en los que algúnpersonaje llora desconsolado sin apartar las secreciones porque su mera presencia subraya la tristeza que quieren transmitir. Me he acordado de todos ellos al ver la solitaria, copiosa y consistente lágrima de George Clooney en Los descendientes de Alexander Payne. Esa única gota plomiza que recorre su rostro diagonalmente hasta detenerse trémula al borde de la nariz ha sido señaladacomo prueba incontestable de su versatilidad: ¡George sabe llorar!

En uno de los mejores gags de Wayne’s World ¡Qué desparrame!, Mike Myers se arroja agua a la cara a modo de copiosas lágrimas mientras aparecen en pantalla las palabras “Oscar clip”. Eché en falta ese rótulo en la escena de Clooney.

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