Comprar no es crear

Comprar no es crear
Comprar no es crear

No acumulo libros. Los voy regalando según los leo, sobre todo si me han gustado mucho, porque así sabré que serán buenos regalos. Mantengo una exigua colección de ejemplares de los que no me he deshecho por motivos tan peregrinos como intransferibles; después de varias mudanzas, la cantidad de indultados ha decrecido proporcionalmente al valor sentimental de los salvados. Me gusta imaginar que los nuevos volúmenes y mis viejos títulos hablan entre ellos mientras comparten piso antes de que los más jóvenes vuelen a otras manos. Es mi Book Story 3 particular.

Hace poco realicé un viaje de varios días. Como en la mochila que suelo llevar, tan mínima como mi biblioteca, no cabía una tapa dura, eché un vistazo a mi colección de bolsillo atendiendo únicamente a criterios de tamaño. Reconozco que, por una especie de pereza antinostálgica retroactiva, me cuesta volver a leer libros que me han gustado, pero elegí el Generación X de Douglas Coupland que había devorado en junio de 1997 (la fecha aparece manuscrita en la dedicatoria del buen amigo que me lo regaló entonces). Enseguida el reencuentro se convirtió en mucho más que una relectura. La actitud de Claire, Dag y Andy, su hipnótica desidia resignada, su apática frivolidad y la insondable profundidad pop de sus historias inventadas me cegaron de una manera nueva que completaba el impacto que habían tenido en mi yo de hace 18 años. Ignoraba que el mundo creado por Coupland me impregnaba tan a fondo, por eso leerlo ahora ha sido como encontrar el mapa de mi dispersión en medio de Texlahoma. Yo, con estos pelos, llevo dos décadas instalado en ese desierto virtual que nunca es divertido pero resulta divertido. Afirma Claire que todos tenemos un extraño fundamental en nuestra vida que si te dice “déjalo todo, te quiero, ven a Florida” te irías con él. Yo lo dejaría todo por irme con ellos a Palm Springs, a donde siempre he pertenecido sin saberlo.

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