Sacrificio

Sacrificio
Sacrificio

Todo iba bien en el ensayo de la grabación. Los figurantes hacían como que hablaban sin salirse de sus marcas, mis compañeros soltaban sus réplicas con soltura cada uno cuando le tocaba, los operadores de cámara recogían con su aparatos imágenes enfocadas y bien compuestas, el director daba indicaciones sencillas y concisas… En definitivas cuentas, todo marchaba miel sobre hojuelas. Y yo observaba la escena, y se me antojaba como un cuadro donde todo ese grupo humano (actores, técnicos, producción, dirección…) trabajaba coordinadamente, con armonía, uniendo sus esfuerzos en un flujo continuo, eterno, invisible y mágico. Y me estremecí al pensar que formaba parte de eso.

Entonces me fijé en el pie de mi partenaire, llevaba unas sandalias de cuña alta color coral. El calzado era bonito, PERO sus deditos, que eran gordos y rechonchos, se apiñaban en la punta, unos sobre otros, con dramatismo. Casi se les oía gritar: “Socorro, sacadnos de aquí, vamos a morir”. El hecho de que llevara las uñas pintadas de color Baby Rouse no mejoraba la cosa. Y no me pareció un detalle insignificante en absoluto, al revés, se hizo grande en mi cabeza. ¿Cómo podía estar TODO BIEN, si ahí abajo en ESOS pies se desataba una tragedia estética de esa magnitud? Se lo comenté con insistencia a una chica de vestuario, me dio la razón como a los locos pero no hizo nada al respecto. Se lo dije también al director y como si quieres arroz Catalina. A nadie parecía importarle pero a partir de ese momento, también os digo, las cosas empezaron a ir regular. Me olvidaba de mis frases, o bien las decía a destiempo, o bien riéndome cuando no tocaba, o bien susurrando; me demoraba en mis entradas, me ponía delante de mis compañeros y les tapaba su plano; unas veces gesticulaba exageradamente y otras permanecía inerte… Total, que nada de lo que se grabó valió. ¿Creéis que alguien me agradeció tamaño sacrificio? N-A-D-I-E.

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