Skyrim - Cazando dragones

Skyrim - Cazando dragones
Skyrim - Cazando dragones

No hay que engañarse: Skyrim es lo mismo que las anteriores entregas de Elder’s Scrolls. Mejorado técnicamente, eso sí, pero en esencia lo mismo. ¿Es eso malo? Pues sí te gustan estos juegos, evidentemente no. Y si no te gustan, tal vez sea el mejor momento de dar a la saga una oportunidad. Skyrim es un “más difícil todavía” en lo que respecta a la saga. Aprendiendo de sus errores (y corrigiéndolos, que es lo importante) e incorporando nuevos elementos al sistema de juego (algunos tomados de otras franquicias como Fallout), Skyrim es el RPG definitivo de fantasía. Todo esto para decir: ¡qué grande es eso de ir por ahí correteando con un casco de vikingo, un hacha y lanzando grandes bolas de fuego!.

Skyrim - Cazando dragones

Aunque el juego no es tan deslumbrante técnicamente como otros títulos recientes de Bethesda (estoy pensando en ese fantástico RAGE), supone una evolución evidente respecto a OBVILION, en texturas y animaciones, por ejemplo. Pero sigue padeciendo un terrible problema de pop-in y una importante caída del framerate puntuales, especialmente en su versión PS3. En cualquier caso, lo que ofrece Skirym es una experiencia inmersiva en un nuevo mundo, fantástico y lleno de vida e historia que será una grata sorpresa para los más pacientes. Y digo los más pacientes porque aquel que meta el juego con idea de ponerse enseguida a trocear y machar todo lo que se mueva lo va a pasar mal. Muy mal. Skirym quiere que os conozcáis lentamente. Hay que pillarle el punto, meterse poco a poco en la historia. Ir realizando las primeras misiones del juego con cierto orden para que tu personaje pueda crecer y desarrollarse. Y para que el jugador se haga al título . A partir de ahí, ancho es Skryrim…

Te calzas bien tu yelmo, afilas tu espada, tensas bien la cuerda de tu arco y te echas el petate a la espalda. A pie o a caballo, este juego se disfruta explorando. Y te vas a hinchar a explorar, porque el mapeado es muy, muy grande, con gran cantidad de paisajes diferentes y un número increíble de misiones secundarias. Aunque Skyrim ofrece grandes combates y momentos épicos de esos que harán que los amantes de los libros de Dragon Lance se pongan como locos, el juego se disfruta invirtiendo una gran cantidad de tiempo. Y no sólo dedicando un par de horas a ir de una localización a otra recorriendo sendas y caminos, como un buen Labordeta virtual. También tendrás que leer libros que encontrarás aquí y allí, y mantener conversaciones con todo tipo de personajes.

La historia de Skyrim te lleva a una convulsa época en los que el reino vive los últimos coletazos de una reciente guerra civil, pero será el jugador quien decida el destino de su personaje, dentro de las posibilidades que ofrece la historia principal. Una vez fuera de ella es donde el jugador construirá su personaje y vivirá su propia leyenda. Y ahora que ya hemos acabado con la parte aburrida…

Skyrim - Cazando dragones

Skyrim te deja ser un tipo con cara de gato y capacidades de ninja, aprender hechizos que dejarán a tus enemigos extracrujientes, despeñar a tu caballo, pegarte a puñetazo limpio contra un gigante, que un gigante te parta la cara mil veces tras tratar de pegarte con el a puñetazo limpio, llevar un hacha tan alta como tú, robar monederos en las plazas de los pueblos, huir de la justicia y refugiarte en las montaña, cazar osos, chapotear en lagos bajo la luz de la luna, ser un vampiro mucho más “cool” que los de Crepúsculo, aprender alquimia, recoger florecillas al borde del camino, empezar peleas en bares de mala muerte, matar reyes, comenzar una brillante carrera militar, convertirte en un famoso asesino a sueldo, encontrar tesoros, coronar las cimas más altas del reino, comer mamut, convertirte en ladrón de caballos, vengar a huérfanos y viudas, ser líder de la rebelión, cazar mariposas (en serio), hacer de mensajero, ejercer de herrero, huir de una ejecución, remontar ríos a nado, robar a un ladrón, dormir en lechos ajenos, calentarte a la orilla de un hoguera de bandidos, tratar de encontrar un troll bajo algún puente, coleccionar dagas ornamentales, revender grimorios, practicar tiro con arco, conciliar odios raciales de siglos de duración,…

Y si tienes mucha suerte, matar a un dragón.

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