Tetro

Tetro - Cartel
Título V.O.:
Tetro
Año de producción:
2009
Distribuidora:
Alta Films
Género:
Drama
Clasificación:
No recomendada menores de 13 años
Estreno:
26 de junio de 2009
Director:
Francis Ford Coppola
Guión:
Francis Ford Coppola
Música:
Osvaldo Golijov
Fotografía:
Mihai Malaimare Jr
Intérpretes:
Maribel Verdú (Miranda), Vincent Gallo (Tetro), Rodrigo De la Serna (José), Silvia Pérez (Silvana), Alden Ehrenreich (Bennie), Erica Rivas (Ana), Mike Amigorena (Abelardo)

Fotogramas de la película

Sinopsis

A sus 17 años, Bennie llega a Buenos Aires en busca de su hermano mayor, un escritor de éxito que se hace llamar Tetro. Sin embargo, cuando lo encuentra se da cuenta de que no es un tipo brillante, sino un hombre autodestructivo que no quiere saber nada de su familia. El joven recibe el apoyo de la novia de su hermano, pero el hallazgo de unos manuscritos donde Tetro revela sus odios familiares, complica la relación. Bennie se propone terminar la obra y presentarla a un premio de prestigio.

Hacía mucho tiempo que Francis Ford Coppola no escribía un guión original (concretamente 30 años) y hacía mucho tiempo que no apostaba por el cine de corte independiente. Con "Tetro", el director de "Apocalypse Now" y "Drácula" se adentra en los secretos de una familia, y lo hace prestando especial atención a la rivalidad entre dos hermanos y la opresión paterna. La película, un drama que alterna el blanco y negro y el color a modo de tragedia griega contemporánea, transcurre en el barrio argentino de La Boca, cuna de toda suerte de artistas, aunque parte del rodaje tuvo lugar en la Ciudad de la Luz de Alicante.

Vincent Gallo (The Brown Bunny) se mete en la piel del autodestructivo Tetro, mientras que su contrapunto es el debutante Alden Ehrenreich, su hermano en la ficción. La presencia española se personifica en Maribel Verdú, como parte pacificadora del conflicto familiar, y Carmen Maura, con un papel secundario como crítica literaria. El reparto, muy internacional, se completa con la italiana Francesca De Sapio, el austriaco Klaus Maria Brandauer (La casa Rusia) y los argentinos Rodrigo De la Serna (Diarios de motocicleta) y Leticia Brédice (El frasco). "Tetro" fue proyectada en el pasado Festival de Cannes.

Crítica

"Tetro" es la frustrante constatación de que Copploa ya no existe como cineasta grande. Después de años dando palos de ciego, ensayando sin éxito retornos clamorosos a la senda de aquel que fue uno de los narradores audiovisuales más dotados del siglo XXI, el director de "El padrino" quema su último cartucho: la regresión al pasado, la indagación en el origen, la reconversión en un cineasta humilde alejado de los fastos de la industria que filma con cuatro perras gordas en el margen de la clandestinidad.

Coppola ha intentado reconciliarse con su yo indie de hace décadas, con el pre-Coppola, pero el tiro le sale por la culata. Volver al pasado siempre es un arma de doble filo, y lo cierto es que el director italo-americano se corta las manos con ambos. "Tetro" más parece a ratos la tesis de fin de carrera de un estudiante de cine con talento aún por domar, que la obra de retorno de un cineasta gigante y consagrado que busca refugiarse en lo pequeño para reengancharse a los halagos de la crítica.

No es que el camino sea necesariamente equivocado. La prueba más reciente es Johnathan Demme que se disfrazó de cineasta joven y primerizo con éxito en la muy estimable "La boda de Rachel", lo que no es de recibo es la ansiedad y la textura experimental de brocha borda. "Tetro" es toda ella una pose un punto pedante. La de un cine que quiere aparentar radicalidad formal y untarse de maquillaje de cine arriesgado y contracorriente, provocativo e insobornablemente libre. La libertad es de pega, puro espejismo.

"Tetro" rezuma independencia de salón y confirma que Coppola ha digerido fatal el paso del tiempo. Y si no es capaz de proyectar pasos al frente difícilmente iba a culminar con éxito en sentido opuesto. El resultado es una película espesa y errática, resabida y excesiva, que bucea sin oxígeno en la sombría maldición del genio incomprendido y en las astillas diminutas de una familia disfuncional desgajada por efecto de envidias, rencores y psicopatologías infames. Coppola fabrica la ilusión de un retorno al gran cine durante un primer tercio que rememora las esencias funambulistas del Nuevo Hollywood setentero pero guiñando un ojo a Cassavetes, desplegando encanto y glamour marginal en un prometedor catálogo de traumas dinásticos y porvenires arrojados por la cisterna del inodoro. En ese primer espejismo "Tetro" seduce por su calurosa sencillez, por la ilusoria proximidad del abrupto drama en la semblanza de un amateurismo bienintencionado.

No tarda Coppola en bajarnos de la nube enredando las emociones de su tragedia, torciéndolas y retorciéndolas, sobrecargando la densidad turbia del drama, descarrilando el vagón y el tren. Su película deviene empalagosamente barroca, opaca, hueca y caprichosa. Sus personajes se desfiguran, desconectándose de lo humano en pos de una dimensión elegiaca y existencialista, literaria, engolada y pretenciosa. "Tetro" despega los pies del suelo y Coppola se asfixia en la ansiedad por rizar el rizo y volver a ser gigante testando la paciencia del espectador más paciente con un último tercio pasadísimo de rosca en el que lo errático deviene desastroso.

"Tetro" se ahoga entre flashbacks de principiante, precipitándose estrepitosamente al vacío coincidiendo, más o menos, con la aparición en escena del personaje de Carmen Maura. Lástima que Coppola no se conforme con filmar una buena película y pretenda facturar una obra maestra. Al final ni lo uno, ni lo otro, ni su sombra, a pesar del careto bohemio y turbador de un notable Vincent Gallo.

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