La sal de este mar

La sal de este mar - Cartel
Título V.O.:
Milh hadha al-bahr
Año de producción:
2008
Distribuidora:
Alta Films
Género:
Drama
Clasificación:
Todos los públicos
Estreno:
17 de abril de 2009
Director:
Annemarie Jacir
Guión:
Annemarie Jacir
Música:
Kamran Rastegar
Fotografía:
Benoît Chamaillard
Intérpretes:
Saleh Bakri (Emad), Suheir Hammad (Soraya), Riyad Ideis (Marwan)

Fotogramas de la película

Sinopsis

Soraya ha nacido y vivido en Brooklyn toda su vida, pero sus orígenes están en Palestina, de donde sus familiares se exiliaron en 1948. Ahora, la joven ha decidido regresar al país árabe para quedarse. Nada más llegar a Ramala, Soraya tendrá que hacer frente al primero de sus obstáculos: la negativa del banco a devolverle el dinero que perteneció a sus abuelos. Es entonces cuando su destino se cruza con el de Emad, un chico palestino que, a diferencia de ella, desea salir de allí para siempre.

A medio camino entre el drama político y la road movie, "La sal de este mar" es el primer largometraje escrito y dirigido por la palestina Annemarie Jacir. La difícil situación que vive su país sirvió de inspiración a la realizadora, contraponiendo las visiones de una mujer que desea reencontrarse con sus orígenes y de un hombre que quiere huir de ellos. El rodaje, que transcurrió entre Cisjordania e Israel, fue muy complicado porque tanto el actor protagonista como parte del equipo tenían problemas legales para desplazarse en uno y otro territorio. El resultado de todo ello es la prohibición que tiene la propia Annemarie Jacir para volver a Ramala.

Suheir Hammad, la encargada de dar vida a Soraya, pertenece a una familia de refugiados palestinos, así que su debut como actriz en esta película le ha tocado muy de cerca. Su partenaire masculino, el que tuvo muchas trabas para moverse por Palestina, es Saleh Bakri, conocido gracias a su papel en la cinta israelí "La Banda nos visita". Junto a ellos, hay un tercero en discordia, el también debutante Riyad Ideis. "La sal de este mar" ganó un premio para su directora en San Sebastián 2007 y participó en la sección "Una cierta mirada" de Cannes.

Crítica

Annemarie Jacir reivindica la voz palestina silenciada por un conflicto que sólo deja visible la punta del iceberg. La identidad quebrada es el fantasma que desguaza las vidas errantes y varadas de sus personajes, su naufragio personal en la indefinición de su maltratado sentimiento de pertenencia geográfico, es el motor de un relato que intenta inyectar luz en las sombras silenciosas de la tragedia. "La sal de este mar", película que rebosa buen corazón y mejores intenciones, diseña la intersección de dos viajes opuestos, la de, Emad, palestino que sueña con escapar a toda costa del infierno de un porvenir cerrado y minúsculo en su no-país natal, y la de Soraya, estadounidense de primera generación, hija de la diáspora, en viaje de retorno inverso hacia el reencuentro con sus raíces dormidas.

Jacir ilustra la paradoja de este periplo de ida y vuelta, que no es sino el de aquellos en conflicto irresoluble con su maltrecha identidad nacional y el de aquellos que tratan de reconciliarse con sus propios cimientos por encima de las bombas y de la depresión perpetua. Son las dos caras de la Palestina actual, que emergen de las imágenes de "La sal de este mar" con vívido y crudo realismo salpicadas por la desazón de un lamento, el de la propia directora, por las heridas abiertas de su tierra. Cine de corazón puro y muy nobles intenciones, la propuesta de Jacir va de más a menos, sumergiéndose en el aterrizaje forzoso de su heroína en el desolado paraíso de sus ancestros, con todas las trabas burocráticas, discriminaciones, abusos y humillaciones dispensadas por las fuerzas del orden israelíes para, posteriormente, perder el rumbo y todo lo demás en una improbable road movie que detona a raíz de un no menos imponente atraco bancario.

Mientras Jacir describe ambientes y sentimientos de alienación su película flota, cuando enfila el trayecto del intimismo redentor, del viaje de confraternización con el mundo, la película descarrila estrepitosamente asentándose en el tópico y en el cliché. Loable la validez del testimonio, la propia existencia casi de trinchera de una película con todo el viento de cara, que habla con otra voz intentando dibujar una dimensión de la realidad que los filtros informativos pasan por alto.

Sin embargo el filme acaba ahogado en sus propias pretensiones, acuñando un humanismo un tanto acartonado y arruinando la estimable arquitectura del primer acto. En el segundo "La sal de este mar" deviene rutinaria, y sus imágenes se evaden de la realidad, girando sobre sí mismas, vacías de significado, apelando a emociones de escuadra y cartabón.

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