Camino

Camino - Cartel
Título V.O.:
Camino
Año de producción:
2008
Distribuidora:
Alta Films
Género:
Drama
Clasificación:
Pendiente por calificar
Estreno:
17 de octubre de 2008
Director:
Javier Fesser
Guión:
Javier Fesser
Música:
Mario Gosálvez, Rafa Arnau
Fotografía:
Alex Catalán
Intérpretes:
Mariano Venancio (José), Carmen Elías (Gloria), Nerea Camacho (Camino)

Fotogramas de la película

Sinopsis

A sus once años, Camino pasa sus últimos momentos en la habitación de un hospital. Sus familiares y amigos la acompañan en este difícil trance, pero también un gran número de sanitarios y sacerdotes, sorprendidos ante la especial dulzura que destila la niña. Cuando el final es inevitable, la serenidad y la felicidad parecen instalarse en la sala, como si de un fenómeno sobrenatural se tratara. La pequeña Camino está a punto de descubrir dos sensaciones nuevas para ella: enamorarse y morir.

Javier Fesser ha llevado con mucho secretismo el que es su tercer proyecto cinematográfico después de "El milagro de P. Tinto" y "La gran aventura de Mortadelo y Filemón". "Camino" le sirve para cambiar totalmente de registro y para embarcarse en solitario hacia la escritura de un guión complejo y lleno de sentimientos. La película está basada en la historia real de una niña muy religiosa que actualmente está en proceso de canonización. La investigación de Fesser se topó con tantos puntos de vista y emociones, que no puedo hacer otra cosa que rodar sobre el amor y la paz, pero también sobre el miedo y el dolor. En cuanto a los asuntos más polémicos del filme (véase el duro retrato del Opus Dei) el director lo tiene claro: que sea el espectador el que decida.

La jovencísima Nerea Camacho es el rostro y el alma de "Camino", en un papel que ha sorprendido a propios extraños. A su lado están Carmen Elías, que ha participado en títulos como "Los aires difíciles" o "El hombre de arena", y Mariano Venancio, el caricaturesco "Súper" de "Mortadelo y Filemón". También destaca la presencia de Manuela Vellés, descubierta por Julio Médem en "Caótica Ana".

Crítica

La última película de Javier Fesser va a levantar ampollas. El fundamentalismo patrio, el integrismo ultracatólico y sectario se va a llevar las manos a la cabeza. El rapapolvo escocerá el doble porque lejos de desviarse hacia el perogrullo de un discurso unicejo de buenos y malos, lejos de hacer sangre con puntas envenenadas en aras de una caricaturización de los usos y costumbres del Opus Dei, Fesser cuestiona y pone peros desde el sosiego y la mesura, desde el criticismo templado sin gritos ni verdulerías fáciles. Su película es una durísima alocución en contra de ese modelo minoritario de religiosidad oscura y tenebrosa, torticera y patológica divorciada de la vida y del amor. Y curiosamente "Camino" es, antes que nada, una película acerca del amor y de la plenitud emocional que nos hace sentirnos vivos.

La niña santa de Fesser enfila un hermoso camino de salvación espiritual, un tránsito redentor hacia la luz que nada tiene de divino. Por un lado su película enfila una ruta que la lleva a convertirse en algo así como "El exorcismo de Emily Rose" en versión doméstica. Un tratado familiar sobre el conflicto agresivo entre fe e incredulidad, razón y sinrazón, entre lo divino y lo humano. Un territorio éste farragoso en el que Fesser se mueve con soltura. Son demasiadas cuestiones trascendentes, demasiada hondura existencial la que contienen estas desmesuradas dos horas y media de película. Pero Fesser no es un cineasta pedante y su fábula se mueve siempre dentro de una escala mucho más pequeña de lo que las apariencias sugieren, aunque este punto se revele sólo en el cuidadísimo desenlace.

De hecho el director de "Mortadelo y Filemón" nos confronta con dos modelos de película. "Camino" empieza por el final, con una sobrecogedora secuencia de muerte prematura, de tragedia mesiánica a pie de la cama de una habitación de hospital. Entonces Fesser nos despista para que nos escurramos caminando por la superficie de las apariencias: una niña quizá tocada por la varita de lo divino, aquejada de éxtasis de santidad que huelen a revelación o a farsa. En el clímax volvemos a esa secuencia, pero ya no interpretada por su entorno de fanáticos tristes, de sotanas oportunistas e inhumanas que instrumentalizan la debilidad para inventar milagros. Nos acerca entonces Fesser a la tragedia desde los ojos de la niña en el umbral de la muerte para revelarnos con ejemplar sutileza la verdadera naturaleza de su cielo y de su devoción, que tiene muy poco de cristiana. "Camino" es una película ambiciosa, extraordinariamente compleja y misteriosamente turbadora.

Es imposible reaccionar a sus imágenes con indiferencia, sus fotogramas golpean duro y provocan escalofríos. Pese a la sobredosis de metraje Fesser se revela en ese manejo de la atmósfera de tinieblas, en esa introspección nada ingenua en la religión inhóspita, un narrador excelente y con libro de estilo propio. Su filme es víctima de los excesos: la duración, las enfatizantes secuencias onírico-mágicas, la ingenuidad plana de los retratos infantiles... pero su cine supura un enigmático efecto imán, y una contundencia nada convencional apuntalada por la soberbia complicidad de los veteranos (con una impagable Carme Elías a la cabeza) y de los jóvenes (Manuela Vellés o Pepe Ocio). "Camino" tiene mucho de apasionante inmersión en los turbios laberintos de la fe extrema y de lúcida bofetada a los inventores y vendedores de milagros. Sus defectos, sus pasajeras interferencias, la distancian del gran cine, pero sus virtudes revelan la madurez incipiente de un director con voz propia al que, bajo ningún concepto, conviene perder la pista.

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