Tropa de élite

Tropa de élite - Cartel
Título V.O.:
Tropa de elite
Año de producción:
2007
Distribuidora:
Alta Films
Género:
Drama
Clasificación:
No recomendada menores de 18 años
Estreno:
18 de julio de 2008
Director:
José Padilha
Guión:
Bráulio Mantovani, José Padilha, Rodrigo Pimentel
Música:
Pedro Bromfman
Fotografía:
Lula Carvalho
Intérpretes:
Wagner Moura (capitán Nascimento), André Ramiro (Matías), Caio Junqueira (Neto), Milhem Cortaz (capitán Fábio), Fernanda Machado (María), Maria Ribeiro (Rosane)

Fotogramas de la película

Sinopsis

Río de Janeiro, 1997. Juan Pablo II va a visitar la ciudad y a Nascimento, capitán del BOPE (Batallón deOperaciones Especiales de la Policía), la Tropa de élite de la Policía de Río, le encargan la misión de "pacificar" una de las favelas cercanas al lugar donde se va a instalar el Papa. Además, tiene que buscar a su sustituto porque su mujer está a punto de dar a luz. El estrés hace mella en él cuando una nueva emergencia se da en otra favela: dos policías se encuentran en medio de un tiroteo.

El documentalista José Padilla se ha estrenado con un largo de la mejor manera posible. Su "Tropa de élite", de la que es productor, coguionista y director, obtuvo el Oso de Oro en la 58 edición del Festival de Berlín. La película refleja la violencia cotidiana a la que está sometida Río de Janeiro, lo que provoca la incompatibilidad entre los distintos grupos sociales. Allí todo es gris, no hay nada negro o blanco.

El policía de élite que está viviendo una época muy estresante está interpretado por Wagner Moura, actor en películas como "Woman on Top" o "Cidade baixa". Moura ha compartido trabajo en la televisión, en concreto en "Paraíso tropical", con otros dos protagonistas, Caio Junqueira (Estación Central de Brasil) y Fernanda Machado (Inesquecível).

Crítica

Contrapunto policial a la notable "Ciudad de Dios" de Fernando Meirelles, "Tropa de élite" explota el filón comercial del infierno de las favelas, en concordancia con la imposición a nivel internacional de una cierta idea distorsionada acerca del cine brasileño en virtud de la cual se presuponen por sistema borbotones de violencia, retratos de la marginación e instantáneas congeladas del crimen enquistado en los suburbios pobres de las grandes urbes brasileñas. La cinta de José Padilha pertenece pues a es grupo de películas cariocas explícitamente orientadas a la satisfacción de los cánones occidentales, siempre cuadriculados del cine periférico. Buena prueba de ello es la implicación de los hermanos Weinstein (ex propietarios de Miramax) en la producción y difusión internacional de la cinta. Es seguro que el Oso de Oro en la Berlinale le viene muy grande, fundamentalmente por la liviandad del hilo conductor, por la minúscula dimensión del aparejo dramático en una película en la que el recurso a la ficción responde, única y exclusivamente, a la imposibilidad material de hilar tan fino y conseguir estampas tan punzantes de la deleznable realidad legal de las favelas.

Padilha es documentalista y su película, la primera en el ámbito de la ficción, está construida y planificada alrededor de una dimensión documental pertinentemente dramatizada. De ese modo el discurso dramático de la película descansa, fundamentalmente, en la omnipresente voz en off del capitán Nascimento ilustrada con imágenes, y no a la inversa. Hay un itinerario triple de perdición-redención que justifica la dramatización del testimonio: la liberación de un agente de las redes de la violencia y, por consiguiente, el principio de salvación de su alma, implica la condena eterna de otra que enfila el trayecto inverso, de la luz a la sombra, abrazando estoicamente la represión como único antídoto para la erradicación del mal endémico. Y ahí precisamente surge el desproporcionado debate en virtud del cual un cierto sector de la crítica ha acusado frontalmente a Padilha de esgrimir un discurso fascista y reaccionario que, presuntamente, justificaría sutilmente el imperio de la violencia policial en las favelas. Son los riesgos de escapar del determinismo maniqueo. Padilha desmitifica la utopía social, urdida en torno a la alimentación consciente o inconsciente, del huracán de violencia y, desde luego, huye de la beatificación de los guardianes armados de las favelas. Pero el quid de la cuestión es la denuncia frontal de los tejemanejes policiales, el pantanal de corrupción y la despreciable estrategia de disparar primer y preguntar después. Padilha no justifica, en ningún momento, la imposición por la fuerza de la autoridad policial o militar, y no vacila a la hora de condenar enérgicamente sus métodos hundiendo en la miseria de la inhumanidad, precisamente, a aquellos que abrazan el credo de la violencia ´legítima´.

"Tropa de élite" es una película poliédrica y compleja que se resiste a idealizar el bando de los oprimidos. Sus incontestables defectos son de índole dramática y no moral. Las ingenuas expectativas de reduccionismo ético y de caracterización con fluorescente de buenos y malos no se ven, cierto, satisfechas. Ese empeño por dibujar la polifonía, por desterrar tópicos y buscar la perspectiva panorámica de un conflicto endiabladamente complejo que desde la poltrona del primer mundo tanto nos gusta esquematizar, es el leit motiv de las citadas acusaciones, resultantes de la huida frontal de Padilha de las convenciones maniqueístas o moralistas. "Tropa de élite" es un producto de primorosa factura, de fuerza visual y montaje desbordante curiosamente, denostado por su dimensión moral. En calidad de cronista cinematográfico y no de sociólogo cuestiono, simplemente, la entidad dramática, defectuosa, de una cinta, con todo, contundente y valiosa.

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