Un plan brillante

Un plan brillante - Cartel
Título V.O.:
Flawless
Año de producción:
2007
Distribuidora:
DeAPlaneta
Género:
Thriller
Clasificación:
Todos los públicos
Estreno:
5 de octubre de 2007
Director:
Michael Radford
Guión:
Richard Greatex, Edward Anderson
Intérpretes:
Michael Caine (Sr. Hobbs), Demi Moore (Laura Quinn), Lambert Wilson (Finch), Joss Ackland (Milton Ashtoncroft), Jonathan Aris (Boyle)

Fotogramas de la película

Sinopsis

En el Londres de los años 60, Laura Quinn es ejecutiva de una importante empresa de diamantes. A pesar de su talento y entrega, se siente frustrada al ver que su carrera no evoluciona por culpa del machismo de la época. Cuando se entera de que la van a despedir, decide vengarse de la empresa asociándose con el Sr. Hobbs, un empleado de mantenimiento que se siente menospreciado. Hobbs asegura tener un plan infalible para cometer un robo que no deje rastro. La inteligencia de Laura hará el resto. "Un plan brillante" es un thriller que narra la preparación de un gran golpe al estilo de los clásicos: con un botín de varios quilates, una venganza en juego y dos protagonistas a los que une su inteligencia. La película, que está ambientada en los años 60, retrata algunas características de la época como el principio de la sociedad de consumo, su política o la discriminación laboral de la mujer. El encargado de dirigirla ha sido Michael Radford, conocido por "El mercader de Venecia" y "El cartero y Pablo Neruda", y que define el filme como una gran historia humana que se centra en la psicología de dos personajes dolidos. El reparto está encabezado por el doblemente oscarizado Michael Caine (Hannah y sus hermanas, Las normas de la casa de la sidra) y por la sex symbol Demi Moore (Streptease). Ambos vuelven a formar equipo después de "Lío en Río" y representan una pareja ideal para este tipo de cine. Caine es un actor muy prolífico: hace poco le vimos en "El truco final: El prestigio" y su próximo estreno será un nuevo thriller llamado "La Huella". Por su parte, Moore se ha dedicado últimamente más a los cameos en series televisivas aunque no ha aparcado su carrera en el cine (Bobby). Junto a ellos, Lambert Wilson (Sahara) y Joss Ackland (Obsesión).

Crítica

Los ratones son terribles. Hay murallas que no caen sino ante el minúsculo empuje clandestino de un roedor, sin estrépito pero inexorablemente. Las grandes defensas tienen previsto y bien previsto el ataque de un coloso, pero desprecian las posibilidades de lo ínfimo. Craso error; grandes imperios han caído entre las patas del ratón. Y ratones son los dos conspiradores de "Un plan brillante": una multinacional omnívora del sucio negocio del diamante y dos individuos corrientes y molientes con cuentas pendientes dispuestos a liarla parda explotando las debilidades invisibles y risibles del gran imperio.

Michael Radford se apunta al cine de golpe maestro, a la ficción de ladrones circunstanciales de guante blanco ilustrando el libro de instrucciones sobre cómo derribar a un gigante con pies de barro desde abajo y por los cimientos. El director de "El cartero (y Pablo Neruda)" dramatiza la venganza de los humildes en una pirámide demencial de poder cuya cúspide, que nada en la abundancia, se mancha con la sangre inocente del último eslabón de la cadena. Ingeniosa, endiabladamente retorcida y orgullosamente clásica, en el mejor sentido del término, "Un plan brillante" se yergue como un envolvente festín de suspense, sobre la rebelión de los humildes contra el canibalismo enfermizo de un poder amoral e inmoral, que se gusta proponiendo al respetable un brillante juego de gato y ratón entre virajes, giros de ciento ochenta grados y estupefacientes golpes de escena, una película inesperadamente romántica que teoriza sobre la posibilidad remota de que aún quede lugar en el mundo para la justicia poética.

Radford engancha a las primeras de cambio entre las derivas oxidadas de dos víctimas indirectas del dólar miserable, defenestradas y por ello unidas en un común objetivo que poco tiene que ver con el lucro. "Un plan brillante" es cine de golpe, sí, de monumental estafa, pero con la conciencia (y las neuronas) de una película con un pie en una realidad mordiente donde la clave no es el cuánto sino el cómo y el porqué. Dos horas, en suma, que vuelan en un suspiro, previa disculpa de las inevitables lagunas argumentales de un mecanismo que pretende ser de alta precisión, arrastradas por el enésimo recital del majestuoso Michael Caine, un entrañable friega suelos británico hasta el tuétano, apoyado en una Demi Moore que, chapeau, no se arruga ante el monstruo escénico que la mira. El resultado es un tobogán narrativo, vertiginoso a la par que lúcido, con pocas fisuras si excusamos, que lo hacemos, la irritante vejez de látex que algún maquillador desafortunado le cuelga encima a la perenne belleza de la protagonista de "Ghost".

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