La caja Kovak

La caja Kovak - Cartel
Título V.O.:
The Kovak box
Año de producción:
2006
Distribuidora:
Filmax Home Video
Género:
Thriller
Clasificación:
No recomendada menores de 13 años
Estreno:
12 de enero de 2007
Director:
Daniel Monzón
Guión:
Daniel Monzón, Jorge Guerricaechevarría
Música:
Roque Baños
Fotografía:
Carles Gusi
Intérpretes:
Gary Piquer (Jaime), David Kelly (Kovak), Timothy Hutton (David Norton), Lucía Jiménez (Silvia), Annette Badland (Kathy), Iván Morales (Charlie), Georgia Mackenzie (Jane)

Fotogramas de la película

Sinopsis

David Norton es un escritor de ciencia-ficción norteamericano que viaja, junto a su prometida, a una isla paradisíaca invitado para dar una conferencia. Al poco tiempo de instalarse, su pareja se lanza por la ventana del hotel. David no encuentra explicación al extraño suicidio de su pareja. Silvia, una joven turista, tampoco encuentra sentido a su intento de suicidio. Nunca ha querido quitarse la vida pero algo le obligó contra su voluntad, a tirarse por el balcón. David decide irse de la isla pero le roban el pasaporte y no puede salir. Los insólitos sucesos y continuos suicidios plantean la sospecha de que alguien puede estar forzando a la gente a quitarse la vida. "La caja Kovak" es el tercer largometraje como director de Daniel Monzón, tras "El corazón del guerrero" y "El robo más grande jamás contado". Se trata de una historia escrita en colaboración con Jorge Guerricaechevarría (Crimen Ferpecto, 800 balas). Una cinta llena de sorpresas porque en palabras del director "siempre me han gustado las películas que te envuelven en una atmósfera inestable, sinuosa, laberíntica, cargada de inquietud y misterio". Al frente del reparto destaca el norteamericano Timothy Hutton, Globo de Oro y Oscar al mejor actor de reparto por "Gente corriente". Junto a él, Lucía Jiménez, que debutó en el cine con "La buena vida" del cineasta David Trueba y David Kelly (Charlie y la fábrica de chocolate).

Crítica

La de La caja Kovak es la mejor versión de Daniel Monzón hasta la fecha, al menos como director, porque suyo era el guión de la estimable Desvío al paraíso de Gerardo Herrero. Un producto felizmente contracorriente en el contexto del cine patrio con un deslumbrante instinto comercial que debería ser ejemplo, punto de partida o referente para otros muchos que intentan romper taquillas insultando la inteligencia colectiva del respetable. El director de El corazón del guerrero reinventa la fisionomía del malo malísimo legendario dando cuerda a un nuevo icono de la perfidia fantástica o de ciencia-ficción. Kovak podría frecuentar tranquilamente los mismos bares que el doctor Mabuse o Fu-Manchú y sus retorcidos ardides infaustos y execrables reivindican la mejor tradición histórica del villano demiúrgico. Eso en sí ya es un puntazo para nuestro cine, pero es que además La caja Kovak es un estimulante enigma a caballo entre el thriller metafísico, en plan Código Da Vinci, y la ciencia-ficción con ecos sociológicos que plantea sin solemnidades de más el dilema de una entidad institucional, un estado, o semejante, manejando por control remoto las vidas del ciudadano medio. Algo así como un Mensajero del miedo en pequeña escala. El cine de Daniel Monzón es un cine multireferencial a muchísima honra pero sobre todo es una rara avis en una industria con tan escasa afición por el riesgo. La caja Kovak es un espectáculo ejemplarmente montado, de esos que nodan respiro y que esconden sorpresas en cada rincón, que no pretende mucho más que incitar un par de horas de evasión entre apasionantes misterios temiblemente más factibles de lo que la delirante sucesión de acontecimientos se atreve por sí misma a sugerir. También es un tobogán generoso en altos y bajos, que pierde fuelle a marchas forzadas a medida que hace camino y que acusa y mucho la debilidad de uno de los dos pilares protagónicos. El contrapunto femenino, encarnado por Lucía Jiménez, es un arquetipo estándar ubicado con calzador para hacer compañía al escritor asedidado por la inercia salvaje de los acontecimientos. La caja Kovak dista de ser una película ejemplar, le falta consistencia para mantener el barco permanentemente a flote, pero es el resultado de la ejecución de un planteamiento sugestivo y narrativamente muy eficaz, que sabe crecer con dignidad y sacar tajada del talento de Timothy Hutton y, sobre todo, David Kelly, villano diez y alma real de la función. Cine de género que se viste por los pies y, en el fondo, un brillante ejercicio de cinefilia para todos los públicos.

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