Escondido

Escondido - Cartel
Título V.O.:
Hidden
Año de producción:
2005
Distribuidora:
Golem
Género:
Thriller
Clasificación:
No recomendada menores de 18 años
Estreno:
20 de enero de 2006
Director:
Michael Haneke
Guión:
Michael Haneke
Fotografía:
Christian Berger
Intérpretes:
Juliette Binoche, Annie Girardot, Daniel Auteuil, Aïssa Maïga, Denis Podalydès, Daniel Duval, Nathalie Richard, Bernard Le Cocq, Maurice Bénichou, Walid Afkir, Lester Makendosky

Fotogramas de la película

Sinopsis

Georges, un periodista que dirige un programa de televisión sobre literatura, y su mujer Anne reciben vídeos en los que aparecen paseando por la calle. Georges lo interpreta como una amenaza, pero la policía no observa indicios de peligro. Mientras tanto, sigue recibiendo extraños dibujos acompañados de vídeos con distintas escenas: la fachada de su casa, su familia e incluso algunas imágenes de su pasado. Poco a poco los vídeos son más personales y sospecha que esa persona que les vigila es alguien cercano a ellos. El galardonado en Cannes, Michael Haneke (Funny games, La pianista) ahonda en el sentimiento de culpabilidad con este thriller protagonizado por los actores franceses Daniel Auteuil (Asuntos pendientes, Salir del armario), como un burgués occidental en constante tensión, y Juliette Binoche (Chocolat, Código desconocido). Junto a ellos, Maurice Benichou (Amelie), Annie Girardot (La pianista) y Lester Makedonsky se ponen a las órdenes del director y guionista alemán. 'Escondido' fueuna de las triunfadoras en los Premios del Cine Europeo, en los que obtuvo losgalardones a mejor película, director, actor y montaje, además del premio especial de los críticos europeos. Y también consiguió el Premio 50 aniversario (ex aequo) en la Seminci Valladolid 2005.

Crítica

Haneke es un tipo admirablemente perverso, un voyeur de sociopatologías y conciencias llenas de lodo, un poeta del desconcierto y del miedo al miedo. Caché es un diabólico juego a dos bandas, un generoso toma y daca, una intromisión impúdica en el subconsciente del receptor de turno, que más que una película en sentido estricto, es un happening o un laboratorio interactivo de remordimientos, una catarsis de Mala sangre y agua al cuello que se escribe haciendo camino a medias entre el propio director, metido ocasionalmente a demiurgo desvergonzado y el espectador patidifuso que se defiende a rastras mientras busca inútilmente el norte objetivo de una película que en realidad tiene tantos nortes como mentes ávidas de sumergirse en el reto de explorar las inquietantes inquietudes de Daniel Auteuil y Juliette Binoche, como quien se mete de sopetón y sin pedir la venia en casa de un extraño para espiar por la cerradura y saberse en medio, por solidaria debilidad, del sensacional entuerto existencial. Caché tiene tanto de cine sociológico como la admirable El tiempo del lobo, último trabajo de Haneke hasta ahora, que exploraba también con estupor el vía crucis de la supervivencia en un contexto de excepcionalidad invasiva e inhumana. De la supervivencia a la sobrevivencia. El director de Funny games plantea un enigma, una incomible disyuntiva que viene a ser hermana casi gemela de la que esbozaba las magistral Una historia de violencia de Cronenberg. Se trata de descuartizar una rutina ejemplar a través de un pasado de sombras que invade sin previo aviso el presente de una familia de clase media-alta, desbordada por la invasión literal del sucio ayer en sus impolutas vidas, la aparición por generación espontánea y bajo un aura de irracionalidad de sangre en heridas aparentemente cicatrizadas. Una película turbadora, desconcertante hasta lo enfermizo que propone uno de los rompecabezas cinematográficos más inteligentes y arrolladores, más inasibles, esquivos y maleables que uno alcanza torpemente a recordadr. No es tanto sobre el porqué como sobre el qué, ni pretende enumerar respuestas, sentencias o aforismos. Es cine de preguntas, equis y puntos eternamente interrogativos. Haneke hurga en la fobia burguesa a la desazón de una rutina hecha astillas a través del macabro proceder de un sabe dios qué o quién empeñado en desbaratar la plácida vida de un matrimonio cualquiera a base de diabólicos recados en forma de cintas de vídeo que desglosan el entorno físico y psicológico de él, metiendo el miedo en casa y resucitando presencias del pasado que se suponían enterradas en el olvido. Haneke no resuelve el enigma, nos quedamos con la descomposición progresiva de un matrimonio con agujeros latentes y cuya estabilidad no resiste el menor soplo de aire. Un filme excéntrico y magnético a un tiempo, que arrastra sin saber por qué, que deja a todo cristo clavado a la butaca, oteando la resolución de un galimatías que no tiene tal rúbrica. Al punto que el desenlace, abierto hasta el exceso, viene a ser una página en blanco con tinta invisible, para que cada cual pinte y decore el final de su propia película-pesadilla. No hay certezas a qué agarrarse, aquí el suelo resbala de principio a fin, y es en ese desequilibrio ejemplar, enfatizado por el insoportable despiste de un dúo protagonista (Binoche-Auteuil) exhibiéndo su incalculable talento como es costumbre, donde reside la esencia extrañamente sugestiva, milagrosamente fascinante del brillante y estupefaciente acertijo. Caché que se absorbe más que se ve, confirma, con su inabarcable profundidad, a Michael Haneke como uno de los cineastas europeos más dotados del pasado reciente, el presente y el futuro a medio plazo.

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