Wallace y Gromit. La maldición de las verduras

Wallace y Gromit. La maldición de las verduras - Cartel
Título V.O.:
Wallace and Gromit. The curse of the were-rabbit
Año de producción:
2005
Distribuidora:
United International Pictures
Género:
Animación
Clasificación:
Todos los públicos
Estreno:
7 de octubre de 2005
Director:
Nick Park, Steve Box
Guión:
Nick Park, Steve Box, Bob Baker, Mark Burton
Música:
Julian Nott
Fotografía:
Tristan Oliver, Dave Alex Riddett
Intérpretes:
Helena Bonham Carter, Ralph Fiennes, Liz Smith, Peter Sallis, Peter Kay, Nicholas Smith

Sinopsis

El pueblo de Wallace y Gromit, vegetalmaníaco en potencia, se prepara para el Concurso Anual de Verduras Gigantes. Todos esperan ansiosos la llegada del evento pero, unos días antes y para desesperación de los habitantes, un feroz conejo nocturno empieza a atacar los venerados huertos del pueblo y la única solución que se le ocurre a la anfitriona del concurso, Lady Tottington, es contratar al esperpéntico inventor Wallace y a su simpático perro Gromit para que solucionen el problema. Aardman Animations, empresa destinada a la producción y distribución de películas de animación de muñecos (anteriormente produjo "Chicken Run: evasión en la granja") es la responsable, junto a la americana Dreamworks, de esta cinta de animación por ordenador que adapta los cortos de estos célebres personajes de plastilina, que ya se han convertido en videojuego con el nombre de "Project Zoo". El guionista, director y productor Nick Park creó "Wallace y Gromit" mientras estaba en la universidad hace ya quince años. Ahorase pone al frente de la dirección junto a Steve Box para llevar a la gran pantalla, por primera vez, a esta curiosa y encantadora pareja que tiene seguidores en todo el mundo.

Crítica

Curioso, cuando menos, que las dos mejores cintas de animación en lo que va de curso cinematográfico sean (en espera de lo que nos depare La novia cadáver de Tim Burton) ambas europeas: Valiant y, sobre todo, este portento de plastelina. Curioso también que tanto Pixar, como Dreamworks, como Blue Sky, se vean superadas con semejante claridad con dos compañías de raigambre infinitamente más modesta como Vanguard y Aardman. Pero así son las cosas; el éxito de la "franquicia" Wallace y Gromit viene definido por la calidez de sus personajes y la explosión de lo genuino y un costumbrismo miniaturista procaz y maravilloso. La factura artesanal es el matiz que impulsa las creaciones de Nick Park a la categoría de arte, cota que ni por asomo otean los dólares y los píxeles de cheque en blanco de la competencia estadounidense. Wallace y Gromit. La maldición de las verduras tiene justo lo que le falta a la inmensa mayoría de blockbusters animados: alma, una identidad delineada en la mente de un genio quepiensa en pequeño sin la injerencia de estrategias de marketing. Park nos regala una delicia de punta a cabo rematando un trabajo de dos décadas que vieron nacer y crecer a este inventor chiflado amante del queso y a su canino e inseparable compañero de fatigas que tienen ya dos Oscar en su haber gracias a Los pantalones equivocados y La gran excursión, los cortos que forjaron el mito y sumaron adeptos en cada rincón del globo. Los chicos de Aardman ya lo bordaron con Chicken run, pero con este nuevo largo alcanzan cotas sublimes con ese tandem memorable de expertos humanitarios en plagas animales y con la configuración de una idiosincrasia fascinante, enorme en cada pequeño detalle, jalonada por un sentido del humor y un carácter profunda y deliciosamente british. Wallace y Gromit. La maldición de las verduras es una película de animación distinta, única, con arrebatadora personalidad, inteligente y además crea adicción. Es difícil sacar mejor partido al stop-motion, ni como recurso estético, ni como estrategia narrativa porque el filme es un absoluto festival de formas y colores, un fenomenal delirio visual, pero además constituye en sí toda una lección de inercia dramática para todos los públicos amantes de la animación en lo concreto y del buen cine en general. Entrañable, delicadamente divertida, espectacular a pesar de lo "rudimentario" de su técnica y memorable en su militancia en el absurdo, gracias a la antológica fauna humana y animal, propiamente dicha (desternillante Manso, el conejo émulo de Wallace), que le da vida y esa tercera dimensión que no se esboza ni por accidente en las pueriles y facilonas fábulas computerizadas de últimamente. Un inolvidable banquete de animación, ocurrencias, genio en definitiva que coloca a Nick Park en el vértice del formato, no como estrategia de mercado, para semejante lides se bastan y sobran los DW y Pixar de rigor, sino como fuente de materialización de lo imposible, de la imaginación desatada que no cabe en la narrativa convencional. Lo dicho, un fenómeno.

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