Obaba

Obaba - Cartel
Título V.O.:
Obaba
Año de producción:
2005
Distribuidora:
Alta Films
Género:
Drama
Clasificación:
No recomendada menores de 7 años
Estreno:
16 de septiembre de 2005
Director:
Montxo Armendáriz
Guión:
Montxo Armendáriz
Fotografía:
Javier Aguirresarobe
Intérpretes:
Juan Diego Botto, Mercedes Sampietro, Pilar López de Ayala, Peter Lohmeyer, Eduard Fernàndez, Pepa López, Lluís Homar, Héctor Colomé, Txema Blasco, Bárbara Lenni

Fotogramas de la película

Sinopsis

Lourdes es una joven veinteañera, estudiante de cine, que emprende un viaje hacia los territorios de Obaba para atrapar la realidad de su mundo y de sus gentes. Para ello lleva consigo una pequeña cámara de vídeo, para captar el presente y mostrarlo tal como es. Pero Obaba no es el lugar que la joven ha imaginado, y pronto descubre que quienes viven allí están anclados en un pasado del que no pueden o no quieren escapar. A través de sus habitantes, gente como Miguel, un joven alegre con quien entabla amistad, o una joven maestra que pasea su soledad por las calles del pueblo, o Esteban, un adolescente que recibe cartas de amor, Lourdes irá descubriendo retazos de sus vidas: de cuando fueron niños o ya adultos y casi sin ilusiones. Pasiones, violencia y envidia son recogidos por la cámara de la chica que intenta reconstruir el puzzle de sus vidas y atrapar la realidad. Montxo Armendáriz (Silencio roto) lleva a la pantalla grande "Obabakoak", la primera de las novelas del mundo literario de "Obaba",creado por el escritor vasco Bernardo Atxaga. Juan Diego Botto (Martín (Hache)), Pilar López de Ayala (Juana la Loca), Eduard Fernández (Cosas que hacen que la vida valga la pena) y Bárbara Lenni (Más pena que gloria) son los protagonistas de esta cinta encargada de inaugurar el Festival Internacional de Cine de San Sebastián de este año.

Crítica

Atrapar el alma de ese humanista rompecabezas literariode nombre Obabakoak, obra magna de Bernardo Atxaga y clásico entre los clásicos de la literatura española contemporánea, es un imposible, es como lo de la aguja en el pajar, como atrapar moscas en pleno vuelo. Montxo Armendáriz se remanga para poner miradas a las indelebles palabras de Atxaga. Se toma su tiempo, se crea su propio espacio, se concede licencias... Obaba es, probablemente, la mejor película posible bajo la sombra de ese extraordinario corpus de relatos que tallaba un microcosmos de microcosmos. Mil voces, mil estancias, mil preguntas y otras tantas respuestas. Armendáriz coge de aquí y de allá, maquina un hilo conductor, un elemento catalizador de los relatos y se tira al precipicio con una película valiente, impecable ejercicio de funambulismo. Obaba es un rincón cualquiera donde rebosa la memoria y ciega la fornida sombra del tiempo. Es una humanidad en miniatura, donde ocurre de todo mientras no sucede absolutamente nada. En ese sentido la película de Armendáriz es un museo de miniaturas, de retales de vidas vulgares, excepcionales en su indiscutible ordinariez. Las piezas encajan, y eso, de por sí, es ya toda una victoria. El cineasta vasco ha sabido vertebrar las diferentes historias, las leyendas en un todo con cabeza y cola, con planteamiento, nudo y desenlace, olvidándose de fidelidades imposibles y volando libre, a su ritmo, como ensimismado en ese costumbrismo bucólico del imaginario Atxaga y rindiéndole culto a su manera, más que adaptándolo en el estricto sentido del empeño. Es cierto que las piezas del mosaico más precarias son, precisamente, las estrictamente cinematográficas. Armendáriz necesitaba un canal que aglutinase las piezas, función que desempeña una joven aprendiz de cineasta que encuentra su propio centro perdida en las nimiedades cotidianas y misteriosas de esa comunidad rural tan pintoresca y a la vez corriente y moliente. Un recurso narrativo legítimo y vital para tejer arterias en un relato tan polifónico, pero que peca, quizá, de ocasionalesreiteraciones. Presente y pasado. Armendáriz conjuga con habilidad ambos planos creando un bosque de dependencias que navegan entre dos espacios temporales, y esa es la miga cinematográfica propiamente dicha que encaja sin fisuras en la filosofía cinematográfica del director de Historias del Kronen, un cineasta curioso, observador que además nada a sus anchas en estos ámbitos hérméticos de aldea, donde cohabitan secretos y verdades a medias. Mucho tiene que ver Obaba con la magistral Secretos del corazón, mucho hay de esa mirada siempre interrogante, infantil por principio, desprejuiciada y mecida por la inercia de sus hallazgos. Obaba no puede asumir la larga sombra de Atxaga, porque es mucha sombra. Es un trabajo sumamente ambicioso que llega exactamente donde quiere, y eso es todo un logro, regalando belleza y fragmentos torcidos de humanidad y constituyéndose en humilde atlas de vida y supervivencias. Atxaga estará orgulloso, porque ése era el espíritu de su obra.

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