Ciencia en España, reír o llorar

Con incredulidad leo en el periódico que esta es la Semana de la Ciencia y de golpe me llega el eco de conversaciones que apenas hace una semana tuve con mis compañeros de oposición; una oposición a una plaza de científico titular y unas conversaciones que giraban en torno a nuestras alternativas laborales; la más popular: abrir un bar. Decorado con imágenes de planetas y galaxias lejanas, nos imaginamos hablando con clientes curiosos acodados al otro lado de la barra sobre agujeros negros, planetas extrasolares, la posibilidad de la existencia de vida y de bares fuera de la Tierra y la detección de moléculas de alcohol en el medio interestelar. Material para un monólogo cómico, de los que uno no sabe si reír o llorar.

Los científicos quiere un empleo lo suficientemente estable como para poder desarrollar una labor de investigación Y pienso en los representantes de consultoras y hedge funds que todos los años visitaban mi anterior centro de trabajo ofreciendo triplicar o cuadriplicar nuestros salarios; y pienso en el rechazo visceral de mis compañeros a reconducir sus conocimientos para enriquecer a unos pocos. ¿Reír o llorar? Lloren, señores, lloren; lloren porque corren el riesgo de perder una generación de científicos con dos décadas de formación universitaria y post-universitaria que no quieren hacerse ricos sino tener un empleo modesto lo suficientemente estable como para poder desarrollar una labor de investigación.

Lloren porque la plataforma petrolera Deepwater Horizon se hundió en el Día de la Tierra y lo mismo puede ocurrirle a la investigación científica en España. Lloren porque la nueva Ley de la Ciencia que se está discutiendo en el Parlamento contempla la concatenación de contratos precarios e inestables que va a hacer imposible el desarrollo de la investigación en este país. Lloren porque los costes asociados a nuestra formación los han asumido íntegramente los gobiernos, el español en muchos casos, y nuestros dirigentes no se dan cuenta de que ahora están en condiciones de recoger los frutos, que la investigación no es un jardín que se planta cuando a uno le interesa que sea vea bonito. Señor presidente, señora ministra, señores diputados: la investigación no es un jardín, es un huerto.