Fraude deportivo

Si a la nieve se le quita su componente de heladez, al agua su propiedad física y a un avión se le priva de sus alas, sin lugar a dudas los tales objetos dejarían su ser para transformarse en algo muy distinto. De la misma forma, si al deporte se le priva de la competitividad pierde su ingrediente característico que le convierte en el tirano dictador que mantiene a millones de telespectadores sentados a sus pies por mor de ver los quehaceres de sus ídolos.

Esa pérdida de competitividad es exactamente la sensación que he tenido con la descafeinada edición del Tour de Francia. Es evidente que cuando pasen los años, se recordará a Contador por haber ganado equis número de competiciones y no por la forma, pero ahora que está reciente, confieso que un gran aficionado al ciclismo como yo (y no creo que sea el único) me he sentido auténticamente defraudado viendo cómo el pelotón se detenía en espera de competidores caídos, escuchando cómo Contador pedía perdón por mantener su ritmo en pleno ascenso de puerto ante la desgracia de Shleck o aguantando el apaño de la espectacular y esperada etapa del Tourmalet. Señores ciclistas, cuiden más el ciclismo y por ende, su competitividad, o la falta de interés les llevará adonde iría un avión sin sus características alas.