Argentina como espejo

El 6 de julio, en el aeropuerto de Barajas se ha prohibido la entrada a una ciudadana argentina. Coinciden algunas circunstancias en este hecho que, como español bien nacido, me hacen sonrojar. Me refiero a que se trataba de una anciana de casi 90 años, que venía a visitar a sus hijos y a la que se sometió, al impedirle la entrada, a un viaje de 26 horas seguidas.

Reconozco desconocer con precisión los detalles, por lo que confío en que este aparente error haya sido debidamente subsanado por las autoridades de mi país, España. Más allá de la normativa o de la sensibilidad de los funcionarios que trataron este incidente, hay unas consideraciones que creo útil compartir con sus estimados lectores. Es sobradamente conocido que Argentina ha sido siempre un país de acogida de españoles emigrados por razones de necesidad económica, cuando no de persecución política. Muchos españoles han encontrado allí el pan o la libertad que su patria, en esos momentos, les negaba. Por ello, el incidente de Barajas pareciera cuando menos el gesto de unos desagradecidos.

Se trata de un país donde nuestra cultura, entendida en el sentido más amplio, encuentra una continuidad natural, permanente, visible, doméstica. Hemos colaborado en crear esa nación y a cambio ellos han mantenido nuestras mejores virtudes, y seguramente también nuestros defectos. Hoy son un espejo de nosotros mismos. Así, en Argentina, todo español con algo de sentido común, entiende mejor a España y se entiende mejor a sí mismo. Por ello, el incidente de Barajas pareciera también la obra de unos ignorantes.

Finalmente, es un país donde, por su naturaleza, por sus valores, por la forma de entender la amistad, la familia. la vida resulta muy grata. Todo español inteligente debería respetar a Argentina como una posible alternativa de futuro para sí mismo. La tuvimos en el pasado y la podemos necesitar en el futuro. Por ello el incidente de Barajas pareciera, además, la acción de unos estúpidos. Conozco a mi país y estoy seguro de que no somos un atajo de desagradecidos, de ignorantes ni de estúpidos. No estuve allí y no sé bien lo que pasó en Barajas, pero si es lo que todos nos tememos, que no vuelva a ocurrir. Por favor.