Confieso que he llorado

A veces es como si viajara con una pesada carga en el corazón. No la siento, y solamente se manifiesta como imperceptibles momentos de vacío y tristeza, y que enseguida arrinconan cualquier gesto cotidiano. Pero ahí está. Limitando el territorio de la felicidad. Entonces surge algo, una canción de la lejana juventud, una brisa de aquel verano perdido, una carta de amor por alguien presente en su eterna ausencia, para que mi corazón exprima esa angustia y la libere en forma de dulces, frescas, lágrimas de amor. Entonces, me siento feliz. Gracias por ello a todos vosotros, compañeros de Juanfran y Carmen. Fernando.

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Pocas cosas me sacan de mi aletargado estado a primera hora de la mañana, pero confieso que la carta publicada a vuestro compañero Juanfran no solo me ha despertado interés y me ha arrebatado de los brazos de Morfeo sino que además ha conseguido conmoverme como hacía mucho que no lo hacía ningún relato escrito. Qué gran poder el de la palabra bien escrita que, sin saber los motivos de la pérdida de una compañera vuestra e incluso sin conocerla, ha conseguido que derrame una lágrima en su nombre. Sentado en un tren; camino del trabajo. Y qué compañerismo el vuestro. Admirable. Jaime Bravo.