El crimen de Seseña

Ya va siendo hora de que las leyes se adapten a las circunstancias, tal como lo demanda la realidad del país, porque cada nuevo crimen cometido por esa rara especie de menores que sólo lo son a conveniencia, provoca el grito desgarrado de una sociedad que se ve impotente.

Se viene repitiendo que no se puede legislar en caliente. De acuerdo, pero es que entre calentón y calentón apenas hay lugar para la tregua. Valdrá la pena que alguien, algún día y sin pacatos complejos, tome una decisión que ponga en su lugar a los causantes de tanto dolor, y que, por el hecho de no llegar a la mayoría de edad, parece que tengan barra libre para el crimen.