Murcia, ciudad de dos estaciones

Algún pecado habremos cometido los murcianos. Nuestra condena es no tener ni primavera ni otoño. En esta ciudad, o te asfixias o te hielas. En el mismo día he visto a gente con jersey de cuello vuelto y a otras personas en manga corta.

Un fin de semana te vas a la playa, y al siguiente te quedas en casica refugiándote del frío. Aquí, la ropa de entretiempo no sirve para nada: o suéter gordo o camiseta. Vamos, que apenas tenemos unas horas para cambiar la ropa de armario. Que nos perdone quien nos castigó.