Seguir luchando

Me extirparon el pecho hace 23 años y en aquella época tenía muchísimo complejo, porque creía que era la única del mundo. A mi marido, al principio, le costó creerlo. Parecía que le daba náuseas verme y, a veces, incluso yo pensaba en el suicidio. Fuimos a un psicólogo y nos explicó lo bonito que era seguir viviendo y que, desgraciadamente, muchas mujeres lo sufren.

A raíz de aquello, mi marido empezó a verme de otra manera y a apoyarme; asistió conmigo a una asociación y se sensibilizó. Ahora, él es la única razón por la que sigo luchando. Merece la pena. Nuestras familias nos necesitan.