Insensibles en el metro

Soy usuaria del Metro de Madrid (servicio por el que pago, y no poco). Todos los días a las 7.20 de la mañana cojo el metro en Príncipe Pío. Como el resto de viajeros, he tenido que acostumbrarme a la falta de respeto de los que oyen música en su móvil sin utilizar los cascos, asumiendo que a todos nos apetece oír regaeton, tecno, o lo que se les antoje. He tenido que tragar con la invasión acústica que supone oír a la vez los ritmos que salen de los auriculares de la gente de alrededor y que, o bien usan auriculares defectuosos, o su grado de sordera aumenta día a día, no lo puedo comprender.

¿A los niños o a las personas impresionables les afecta más unas bragas de encaje que ver partes mutiladas del cuerpo humano? He tenido que aguantar las pantallas de televisión con que el Metro de Madrid nos "ameniza" el viaje, interrumpiendo mi lectura, agobiándome con noticias amarillistas o sesgadas, o sencillamente con noticias anecdóticas o estúpidas, lo mismo me da: si quiero informarme, tengo periódicos a mi disposición, que elijo leer o no. Me he acostumbrado a agachar la cabeza ante anuncios de películas de cine que me afectan (como los de la saga Saw: cabezas cortadas, guantes hechos con manos humanas... Eso sí, el año pasado se censuró un anuncio en el que aparecían unas bragas de encaje.

¿A los niños o a las personas impresionables les afecta más unas bragas de encaje que ver partes mutiladas del cuerpo humano? Pero ya el colmo ha sido esta mañana, cuando a la altura de la posición que ocupamos mi hija y yo cada día en el andén, me he encontrado con el anuncio de una película de terror ¡con sonido! Sí, al anuncio de la película La huérfana le han puesto un clip de sonido que debe de durar unos quince segundos y que termina con un grito aterrador, y que vuelve a empezar una y otra vez, con lo cual si el metro acaba de marcharse y tarda tres minutos, hagan ustedes mismos las cuentas de las veces que hay que soportarlo.

Eso, por no hablar del primer momento en que uno cree que el grito es real y alguien debe de haberse caído a las vías; por no hablar de los niños pequeños que se asusten; por no hablar... ¿A cuántas faltas de respeto, a cuántos abusos, tiene alguien que acostumbrarse antes de que un día sus nervios estallen?