Confundir manifestación y provocación

Por fin se celebró en Arenys la tan traída consulta al respecto de la emancipación de Cataluña, cuyo ámbito rural no ha impedido su reflejo masivo en la portada de muchos diarios, cosa normal dada la esquizofrenia colectiva que existe cada vez que se tocan estos temas. En línea con lo esotérico del asunto, la Administración capacitada para ello, autorizó concurrentemente un acto de Falange en el mismo lugar y la imprudencia ha debido pagarla el contribuyente (bueno y también la compañía aseguradora del apedreado autobús de los nostálgicos), a juzgar por la cantidad de efectivos policiales desplazados hasta allí con la encomienda de evitar el lío padre.

Según mi parecer, toda manifestación pública de opinión debe tener la limitación del orden público, por eso la convivencia de actos como estos es no solo grotesca sino peligrosa, dado el estado de excitación de los presentes. No obstante, nuestros tutores gubernamentales, en su noble defensa de los principios constitucionales, creo que a veces confunden manifestación con provocación, desconcierto que, sin querer dar ideas, podría aprovecharse por parte de esta clase de iluminados para escoger como próximo escenario del tradicionalismo español más rancio y cutre el árbol de Guernica o las fiestas del PCE.