El H&S que se convirtió en caspa

Risto Mejide estrenó su primer programa de televisión. En el primer minuto del mismo, ya estaba echando de menos a Buenafuente... por la similitud de la puesta en escena; un hombre de pie que retrata la realidad con un intento de ironía, humor e inteligencia. En el caso de Mejide, lo único valioso de su programa fue la pantalla de plasma de tamaño olímpico que le sirve de marco.

Tampoco ayudan los guionistas que le escriben los textos. Esto lo digo como beneficio de la duda a la posibilidad de que los escriba él mismo.

El nerviosismo se perdona en un debut y siendo generosos, en la primera semana de emisión... lo que es menos perdonable es la chabacanería, el homenaje a lo zafio, la crítica hueca (McFly... ¿hay alguien en casa?)... y el catálogo de improperios a destiempo con el que nos deleitó Risto, que intuyo que pretende convertirse en el azote de los famosos... hasta convertir la latina de su apellido en una O... que no consigue hacer con un canuto en este programa más propio del verano, que de la nueva temporada de televisión de calidad.