La inhumana fama de Buñol

Hay pueblos que adquieren una triste notoriedad por una violación, un robo o un asesinato. El valenciano Buñol lo ha conseguido por encarnar el inhumano, siniestro desprecio de los pueblos ricos hacia los hambrientos del mundo.

Lo que empezó como una vergonzosa gamberrada prohibida durante años por su mismo Ayuntamiento, es ahora patrocinado por él, perdiendo toda decencia "porque atrae dinero", como dice el actual alcalde. Más de cien mil kilos de alimento, en forma de tomates, son tirados literalmente a la calle. Es una insultante provocación a los centenares de millones de desnutridos y hambrientos del mundo, insulto que los medios de comunicación cómplices difunden, para no ahorrar ni esa ofensa y humillación añadidas a los marginados.

La imagen de miles de sonrientes gorditos revolcándose literalmente en la calle en esa basura sanguinolenta, que simboliza demasiado bien lo que ese desperdicio cuesta en vidas humanas, agrava la desesperación pasiva de muchos de ellos y la lógica rebelión, no siempre bien encaminada, de algunos otros. Pero éstos, por lo visto, somos todavía demasiado pocos para que hagamos, al menos por miedo a merecidas represalias, lo que no hacemos por justicia y humanidad.