De la Guardia Civil al Hospital

Soy una chica, embarazada de cuatro meses, que volvía a casa de trabajar el 11 de mayo a las 21 horas por la carretera de Barcelona en dirección Madrid. A la altura más o menos de Torrejón veo que vienen por detrás tres motoristas de la Guardia Civil. Yo iba por el carril central a 100 por hora cuando la velocidad máxima es de 120. Y cual no es mi sorpresa cuando uno de los agentes me para y me pide la documentación. Como no sabe por qué multarme me dice que no se puede circular ni por el carril izquierdo ni por el central porque son sólo para adelantar.

Me quedo de piedra y le digo que mire un momento que todos los vehículos están circulando por los tres carriles y a velocidades muy superiores a la mía. Pero él, impasible, me dice que me tiene que multar por ir por el carril central con 60 euros.

Le digo que es muy injusto y de los nervios me pongo a llorar, sintiendo la impotencia de que no puedo hacer nada, porque él no atiende a razones. Presa de un ataque de nervios en vez de irme a casa tuve que ir directamente al hospital porque empecé a encontrarme mal a causa de mi embarazo. Gracias al agente que me paró, porque en vez de parar a los que van borrachos o drogados o a velocidades superiores al límite, para a una buena ciudadana prudente y educada. Así hacen muy bien su trabajo.