El hábito no hace al monje

Hace unos días aparecía en la prensa local el entierro del niño que falleció en la piscina del Liceo. Encabezaba la fúnebre comitiva un sacerdote al que se identificaba por la estola blanca, único ornamento sobre un traje de paisano y una camiseta a rayas. En mi opinión, tan escueta vestimenta es una falta de respeto a los fieles y un incumplimiento, además, de lo prescrito en el canon 284 del CIC, que dispone que los clérigos han de vestir un traje eclesiástico digno.

Hoy en día existe una tendencia entre algunos sacerdotes de vestir de paisano y así conducirse por el mundo de riguroso incógnito sin temor a ser identificados, como lo fue hace dos milenios el apóstol Pedro, y evitando escuchar alguna frase acusadora al estilo de: «Sin duda, también eres de los suyos porque tu indumentaria te delata», tres veces repetida.

Leo también en la prensa que en los últimos 10 años han dejado de asistir a misa 250.000 personas en Galicia y que los sacerdotes dicen que cada vez hay menos interés. Es evidente que la disposición de algunos clérigos a conducirse por libre no surte los efectos de apostolado que serían deseables ni anima a los jóvenes a ingresar en los seminarios. El hábito no hace al monje, pero al menos ayuda a identificarlo.