Sobre corruptos y paletos

La alcaldesa de La Muela decía en su defensa: ¿de qué me sirve la alcaldía si no puedo recalificar? La lectura subliminal y malintencionada por mi parte podría ser: ¿de qué me sirve ser alcaldesa si no puedo trincar?

Y es que ésta parece ser la máxima que rige en el inconsciente colectivo de gran parte de la pintoresca fauna política nacional. A través de un comportamiento populista y del trato de favor, al más puro estilo Jesús Gil, se aceptaban con absoluta normalidad «los peajes» y presentes para dar luz verde a las recalificaciones a la carta.

A quien se le ponía un molino en sus terrenos, se le aseguraban unos ingresos sustanciosos y sólo a cambio de mantener su lealtad hacia el Ayuntamiento. Por eso, como ocurría con Gil, estos pícaros corruptos tienen sus defensores.