Bárbara venganza

"Con el ojo por ojo, todos terminaremos ciegos", nos recordaba Gandhi. En pleno salvajismo, ciertos pueblos primitivos intentaban incluso, en lo posible, hacer pagar cien ojos por uno, condenando al trasgresor a morir entre tormentos en manos del clan de la víctima.

Esa ferocidad inhumana es la que intenta recobrar cierto sector social, incitado por el amarillismo de algunos medios, cuando se les ofrece la ocasión, ya sea en Alcácer o en Sevilla. Ya hemos oído a la madre de la víctima sevillana desear que "cada día de cárcel del asesino le sea un infierno", palabras de infinito odio que difícilmente se pueden interpretar sino como una invitación al linchamiento por parte de otros reclusos.

Muy pocos son los líderes que se atreven a disentir, aunque sea tímidamente, ante esa oleada devastadora de barbarie que en vano intenta disfrazarse de justicia, y que acabará, modificando leyes o no, por perjudicarnos a todos. Y también es significativo el silencio en estos momentos por parte de quienes dicen representar una religión de perdón y caridad.