Los hijos de los rojos deben pagar

Nací en 1948. Cuando tenía 5 años, llegaba a mi casa contenta del colegio: «Papá, he aprendido una canción bonita», y una y otra vez le cantaba el Cara al sol. ¡Pobre papá! No me podía contar lo mal que lo había pasado en un campo de concentración (Castuera) y yo no podía interpretar su cara triste. Se murió sin poder hablar.

Ya lo dijo el padre de un prestigioso psiquiatra español: los hijos de los rojos tienen que pagar los pecados de sus padres

Yo no podía comprender que, con lo bueno que era, viniera la Guardia Civil a llevárselo cada dos por tres, incluso ya en los sesenta. Un día, revolviendo papeles, descubrí un sobre escrito desde su prisión. Venía este verso: «Paloma que vas volando, y con mi carta has de llegar, felicitas a mis padres, que no les puedo abrazar, por unos malos quereres que de mí se quieren vengar, la honra no la perdí, ni preso ni en libertad». Ahora, el obispo dice ‘no' a tener memoria.

Hasta los recuerdos nos quieren quitar. Ya lo dijo el padre de un prestigioso psiquiatra español: los hijos de los rojos tienen que pagar los pecados de sus padres. Vergüenza me da.