Mártires de la Guerra Civil

Sr. Rodríguez Zapatero, permítame una sutil aclaración: los mártires por usted aludidos no son mártires de la Guerra Civil, sino de la fe; personas que murieron a manos de sus verdugos… ¡por ser católicos!, no por defender una idea política. Abandone, por un instante, ese punto de victimismo arrogante del que hace gala al pensar que la Iglesia ha pretendido darle una patada en la espinilla al haber canonizado a un millar de mártires de la fe. Nada más lejos de la realidad.

Sr. Zapatero, abandone ese punto de victimismo arrogante del que hace gala

Y un ruego: ceje en su empeño de arremeter contra la Iglesia. Nerón ya lo intentó a mediados del siglo I; no consiguió acabar con ella. Ni tampoco hombres de Estado de la talla de Trajano, Adriano o Marco Aurelio. Ni Diocleciano, con toda su crueldad.

Así se ha recorrido la historia de los últimos dos mil años; y así se recorrerá hasta el fin de los tiempos, pasando, por supuesto, por la actualidad dos tercios de los mártires de la Iglesia lo han sido durante el s. XX: la Iglesia siempre ha tenido, tiene y tendrá mártires de la fe. Piedras angulares donde apoyar su razón de ser. Sembradores de paz y alegría. Testimonio profundo de oración, de vida de un cristianismo plenamente comprometido. Testigos ejemplares donde mirarse para vivir el amor y el perdón de una manera radical. Aunque, para algunos, estos testigos puedan resultar testigos incómodos.