Sexo y religión

Después de leer la carta publicada el 7 de febrero La religión y el sexo, firmada por Sergio Real Gómez en su respuesta a L.D.L., tengo la impresión de que Sergio, que se ha pasado veinticinco pueblos, en su escrito denota una mentalidad de macho latino que utiliza a la mujer como si fuera un pañuelo de papel de usar y tirar.

Con semejante forma de pensar sólo puede hacer una cosa, no casarse, y con el dinero de mantener una familia con la dignidad debida pagarse profesionales del sexo, prostitutas, ya que tanto pregona el ‘polvo’ como único valor de su mundo.

La unión entre un hombre y una mujer debe basarse en el respeto mutuo y cada uno de los dos miembros de la pareja debe ser consciente antes de unirse al otro para estar dispuesto en darle a su compañera la misma fidelidad que recibe.

Si hay amor, el amor es incompatible con cualquier tipo de traición. Ahora bien, el ser humano necesita amor para ser más tierno y sensible, por tanto, es incompatible con la abstinencia. Y hacer el amor sólo para procrear en un mundo con más de seis mil millones de humanos, de los que dos tercios mueren de hambre, tampoco parece racional.

Creo que hay que saber mantener el justo equilibrio, entre ser impotentes, ser fieles al amor y ser animales que sólo obedecen a sus bajos instintos.