¡Cómo me gusta mi pueblo!

Ya se nos ha hecho pequeña esa plaza Lluís Companys donde íbamos a hacernos los “porretes” con nuestros perros de raza que nadie sabe de dónde han salido.

Primero por el día. Después fuimos más sagaces y lo hacíamos por las noches saltando la verja colindante con Can Ricard.

Nos aburríamos y dejábamos nuestros envases de bebida tirados en la calle y nuestras meadas y vómitos. ¿Qué haríamos ahora? ¡Idea¡ Romper los cristales de los vecinos de la calle Rectoría, ¡qué divertido! Además, haríamos deporte corriendo a grito pelado para que nadie nos pudiera ver y riendo por toda la calle por nuestra hazaña. ¡Basta ya! Vecina y afectada.