El que no está no hace falta

En contestación a «Ya me habéis visto el pelo en la Expo», esto es lo que se dice en mi tierra. Aplíquese el cuento Francisco Enrique Fernández, el de Sant Adrià de Besòs, cuando dice que no va a asomar la jeta por Zaragoza, donde le niegan el agua a Barcelona.

Tome nota de que no somos sólo los aragoneses, sino los propios catalanes, los que se resisten a soltarla y andan a palos con su señor Montilla por querer trasvasar agua de ríos catalanes hacia Barcelona.

Parece ser que en este tema sólo seamos insolidarios los maños, y resulta que no somos ni la cuarta parte de interesados que los propios pedigüeños de recursos ajenos.

Pero tranquilo, buen hombre, que lo que el ciudadano de a pie les niega ya se encargarán de dárselo las instituciones, muy a pesar nuestro. Y, por cierto, ¿hasta cuándo piensan retener los bienes eclesiásticos pertenecientes a Aragón ustedes que son tan solidarios?

Y es que una cosa es predicar y otra muy distinta dar trigo, ¿verdad que sí? Trinidad Lalaguna.

No existe el agua sobrante, ni agua que se pierde. Eso es un invento de los políticos de turno que es contrario a todos los argumentos científicos serios.

Si se llegara a hacer el trasvase del Ebro, al faltar caudal, algunas de las consecuencias negativas podrían ser: salinización del río en unos 15 km; desaparición del delta en unos 30 años; y extinción de 2.000 especies de animales y plantas, 77 de las cuales ya están en peligro ahora.

Quizá podríamos compararlo al desastre ecológico del mar de Aral de la antigua URSS. Por favor, no dejemos que se repitan los mismos errores. Josep Subirats Fabra.