Un trato más humano a los sin techo

No podía dormir y decidí dar un paseo nocturno. Llevaba tiempo sin salir de noche.

Cuando apenas había recorrido unos metros, en la puerta de un cajero dos personas intentaban dormir sobre unos cartones que también usaban como mantas.

La noche era apacible, pero la humedad se hacía notar y las dos personas no paraban de moverse buscando la posición más cómoda para dormir y no pasar frío.

Viéndolos en la puerta del cajero automático cerrado, pensé que si tenían la desgracia de que algún degenerado decidiese atacarlos o prenderles fuego, el mobiliario de la sucursal bancaria quedaría indemne y mañana podrían abrir al público sin retrasos.

Continué mi paseo, pero desgraciadamente, el breve recorrido que siguió (apenas mil metros) no favoreció mi propósito de relajarme.

Pude contar nueve personas más durmiendo en la calle y otras dos dentro de un cajero. De regreso a casa, no dejé de pensar en esto y en las personas que, además de soportar esas desagradables horas y sufrir sus consecuencias (pues les aseguro que dormir en la calle pasa factura de diferentes formas y que nadie se acostumbra a esa situación), tendrán que aguantar el desprecio, el rechazo y, en muchas ocasiones, el trato despectivo de la gente.

Quizá el problema tarde en solucionarse, pero desde aquí pido a la sociedad murciana un trato más humano para las personas sin hogar. Y no se equivoquen, no les pido que den limosna, sólo pido un trato más digno.

Una vez de vuelta a casa, seguía sin poder dormir, pero esta vez había dos nuevos motivos para el insomnio: por un lado, las personas sin techo y, por otro, la sociedad que no se preocupa por esta realidad. Murcia.