Tierra mía, despierta

Tierra mía, despierta de tu cansera milenaria, de tu apego al poder y a los caciques de turno, de tu centralismo madrileño trasnochado, de tu apego ancestral a las faldas de la Iglesia, de tu pensamiento muy metido en la sociedad, de que todo lo de fuera es mejor. Ábrete al futuro, a una sociedad pluricultural, que se respeten todas las ideas y creencias, y no el poder caciquil.

Nuestras gentes son fruto de una aniquilación cultural que se ha llevado a lo largo de los siglos por Castilla. Ahora es el momento de librarnos de todo esto, sobre todo pensando que Castilla sólo piensa en perjudicarnos (hasta nos quitó Albacete).

Quizá nos haría falta un partido nacionalista en nuestra tierra o un Antonete Gálvez de nuevo que nos condujera a una mayor valoración de lo nuestro, frente a los que nos atacan  y nos niegan el pan, la sal y el agua, y nosotros agazapados y callados en nuestra madriguera como conejos.