Custodia compartida

Soy un padre separado que sufre con terrible desazón la falta de sus hijos. A mi ruina moral, económica y personal, tengo –desgraciadamente– que sumar la ruina afectiva. No es que mis hijos no me quieran (por ahora me adoran), sino que cada vez que se los entrego a su madre, ésta hace lo indecible para enfrentarse a mí delante de ellos.


Ustedes pensarán por qué lo permito o por qué no lo denuncio. Bastante mal estoy yo y bastante mal están las cosas como para seguir complicándolas.

Crear un fondo para garantizar las pensiones alimenticias del menor es una buena medida, pero contemplar la custodia compartida también lo es, los protege del poder de unas madres que desde su rencor, orgullo o egoísmo (no sé cómo llamarlo) minan en cada encuentro las relaciones paternofiliales.