A comer ladrillos

Las vacas flacas ya han asomado sus cuernos. La burbuja inmobiliaria se desinfla, como todos sabíamos. El precio del petróleo en máximos históricos. La cesta de la compra compuesta de artículos «de lujo» a precios cada vez más altos. No hay reservas de agua y las cosechas peligran, por lo que tendremos que importar alimentos de otros países al precio que nos quieran cobrar. La plaga de topillos en Castilla y León, más virulenta que el año pasado, empeorará la situación de nuestras despensas alimenticias. La inflación fuera de control, con la inmediata respuesta de las multinacionales que emigran hacia mano de obra más barata, y sin alternativas industriales que puedan compensar la inmensa bolsa de desempleo que se está creando. Hemos tenido años con los tipos de interés ridículamente bajos y, en vez de aprovecharlos en crear un tejido industrial y tecnológico sólido, nos hemos gastado nuestros ingresos presentes y futuros en ladrillos mal puestos, que no son exportables. El PP nos metió en la burbuja inmobiliaria, y el PSOE no quiso sacarnos de ella. El PP nos dejó una mortal bomba de relojería, y el PSOE no quiso desactivarla. Ahora nos vamos a comer todos esos ladrillos, y durante muchos, muchos años. Bon appetit.