Más atención con los perros

Trabajo de tarde-noche y duermo por las mañanas siempre que un perro y sus dueños me dejan. Los amos del simpático can –lo he visto desde mi balcón y es precioso– desayunan en una cafetería-panadería que hay delante de mi casa, en Badalona.

Como no lo pueden entrar, lo dejan atado al poste de la esquina. Mientras ellos se zampan un cruasán, una ensaimada o lo que sea, el pobre chucho aguarda en la calle.

El problema viene cuando intenta llamar la atención  de sus dueños y ladra y aúlla. Cuando se pasa media hora dale que te pego, cansa, y mucho.

Esta queja no es contra el perro, sino contra sus dueños, que ni se dignan a interrumpir el desayuno para intentar calmar a su perro y, con ello, a los vecinos de la zona que deben dormir.