¿Dónde hay cacas?

Quisiera añadir un comentario a su noticia sobre la cantidad de excrementos de los perros en las calles de la ciudad de Alicante y que sus respectivos dueños permiten que se queden allí, al libre albedrío de los zapatos de los demás viandantes.

Me refiero a la cantidad que dejan dentro de los edificios. Por no ir más lejos, ocurrió hace dos días, cuando descubrimos (¡qué sorpresa, qué alegría!) unas caquitas en el felpudo de la puerta de nuestra casa.

¡Ay, si pillara al perro! Le diría cuatro cosas, dos guaus, tres rugidos y le enseñaría los dientes. ¡Ay, si hubiera pillado a su dueño en ese momento! Desgraciadamente, no es la primera vez que ocurre. Se trata de un edificio grande con largos y amplios pasillos y muchos vecinos por planta. Lógicamente, si estos vecinos no son capaces de preocuparse de su propio edificio, cómo se van a preocupar de lo que sus perros dejan en un jardín, en una acera o donde fuera.

No creo que cueste mucho, no sólo tener bien enseñado al perro de uno, me refiero al animal, sino que es una muestra de consideración y respeto preocuparse de lo que hace el susodicho animal. Quizá se podría cantar aquella canción popular, un poco cambiada, de «… la puerta de mi casa no es particular, los perros dejan sus cacas como en las demás…». Francisco S. Beltrán.

Hay cacas en las aceras, paseos y hasta en la playa. Es una lástima, pero si no funcionan las multas, los que abandonan las cacas seguirán haciéndolo.

No creo que sea por falta de pipicanes. Sé de personas que llevan su bolsita desde casa para recogerlas, pero hay quienes ni miran si hay o no pipicanes. Como en otros problemas cívicos, puestos de trabajo para sancionar en directo, creo que no hay otro remedio. Y, a lo mejor, premiar a quienes las recogen. Isabel.